“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).

miércoles, 26 de noviembre de 2025

ENRIQUE BANCHS Y SU SILENCIO

 



POR ANTONIO REQUENI 

 

Si la poesía lírica es la que expresa bellamente un sentimiento amoroso y las emociones más íntimas del autor, debemos reconocer que Enrique Banchs (1888 - 1968) es, merced a sus cien sonetos de La urna, cronológicamente, nuestro primer poeta lírico.

Descendiente de catalanes y vascos franceses, nació en una humilde casa de la calle San Juan al 1100 y debió trabajar desde muy joven mientras estudiaba por su cuenta diversas disciplinas, idiomas y leía sobre todo la gran literatura universal. A los 16 años se empleó como ascensorista en el imponente edificio de La Prensa, inaugurado pocos años antes en la Avenida de Mayo. 

El director del diario, Ezequiel Paz, observaba a ese muchacho que manejaba el ascensor siempre con un libro bajo el brazo y una tarde lo invitó a conversar en su despacho, tras lo cual lo designó su secretario. Pasaron los años y aquel joven llegó a ser redactor, editorialista y colaborador de la sección literaria, donde creó "Para leer al hermanito", primer suplemento infantil publicado por un diario argentino. Simultáneamente, dirigía El Monitor de la Educación Común, revista del Consejo Nacional de Educación.

Entre los 19 y 23 años, Banchs publicó cuatro libros de poemas; después del último, La urna, no volvió a publicar libro alguno y se negó a reeditar los ya editados, dando comienzo así a la enigmática historia de un silencio que se prolongaría hasta su muerte.

La urna estaba integrado por cien sonetos dedicados a una mujer que lo desdeñó. Son poemas de una belleza e intensidad emotiva que hizo escribir a Borges: "la equívoca fortuna/ hizo que una mujer no lo quisiera". Su hija Marta y algún comentarista arriesgaron la hipótesis de que ese amor frustrado era un invento del poeta, como el de los antiguos juglares provenzales que imaginaban una mujer ideal cuyo amor era inalcanzable. Sin embargo, César Tiempo, en su departamento de la calle Rosario, en Caballito, me aseguró que él había conocido a la mujer de La urna.

Cuando ingresé a la redacción de La Prensa, a principios de 1958, Banchs se había jubilado pero concurría una vez por semana al diario, donde era asesor del suplemento dominical, en el que escribía comentarios de libros firmados con seudónimo. En más de una ocasión lo abordé para charlar no de poesía (tema que, advertí, prefería obviar) sino de sus recuerdos juveniles en el diario. Con gran cortesía y amabilidad, me hablaba del Buenos Aires de su tiempo. En una ocasión me contó que cuando trabajaba como ascensorista hizo a pie, durante varios meses, el trayecto desde su casa en la calle San Juan hasta la Avenida de Mayo y con los centavos que ahorraba en tranvía, compró a su madre un reloj que ella deseaba.

Una vez deslicé una alusión a su silencio poético y me respondió: "Ahora cultivo flores". En mi libro Manifestación de bienes, de 1965, hay un soneto donde pregunto por su silencio. Después de entregarle un ejemplar me envió una carta en la que elogiaba generosamente mis versos y agregaba: "Desde luego, mi agradecimiento por el soneto con que me honra". Nada más. 

La vida de Banchs transcurrió sin mayores sobresaltos: el trabajo, la casa, la familia, el hobby de la floricultura y la carpintería (había en el fondo del jardín un pequeño galpón donde practicaba esa afición) y los poemas que seguramente seguía escribiendo sin darlos a publicidad. Ese calmo fluir de sus días fue únicamente interrumpido por la detención -pasó dos meses en la cárcel de Villa Devoto- junto a otros miembros de Ascua, institución que reivindicaba los ideales de Mayo y la libertad durante el régimen peronista.

Lo visité varias veces en su casa de la calle Delgado y luego en la de Zapiola 950, donde se mudó dos años antes de morir. La última vez que lo vi fue el 7 de junio de 1968. El poeta estaba acostado, plácido, con la cabeza ligeramente ladeada, como si escuchara la música de su definitivo silencio. Taparon luego el ataúd y lo acompañamos al cementerio de la Recoleta.

Después de su muerte seguí visitando a su hija Marta. Una tarde ella me mostró un sobre grande, cerrado, con la palabra "Destruir". Eran los poemas inéditos de Banchs. Si quería eliminarlos, ¿por qué no lo hizo él mismo?. Igual al caso de Kafka. Recuerdo que insté a Marta a no obedecer el mandato paterno y decidir, en un testamento, que el sobre se abriera dentro de 50 o 100 años, pero no destruirlo. Marta murió, sin descendientes, y no sé qué habrá sido de ese sobre.

 

https://www.laprensa.com.ar/509422-Enrique-Banchs-y-su-silencio.note.aspx

 

PERO... ¿QUÉ HACEN ESTOS NIÑOS AQUÍ? ¡QUE SE VAYAN A LEER CUENTOS DE HADAS!

 


«El poeta es aquel que lleva la sencillez de la infancia a los poderes de la virilidad».

 

Samuel Taylor Coleridge

 

 

«El que no cree en mitos cree en patrañas».

 

Nicolás Gómez Dávila

 

 

Por MIGUEL SANMARTIN FENOLLERA

 

El pasado es aquel tiempo dónde aconteció lo trascendente. Siempre apunta al origen, al principio, y por tanto a la pureza y a la claridad. Por ello es lugar de referencia al que volver los ojos para comprender. 

A su vez, la acción es la madre de los hechos, esos retazos de realidad que el hombre deja tras de sí y que en ocasiones ama más que a sí mismo: núcleo de identidad y flujo de experiencia al que también volver para así intentar comprender el porqué de nuestra existencia. 

Ambos factores confluyen en la épica, definida muy precisamente por el reciente académico Carlos García Gual como “la actuación ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo memorable y lejano”.

Creo que el pasado, como dijo el profesor Stephen Gilman, “es un tiempo verbal que comunica importancia en vez de tiempo” y que los “hechos míticos” tienen siempre un poso de verdad, pues como decía Tolkien, “así como el lenguaje es invención de objetos e ideas, el mito es invención de la verdad. Venimos de Dios, e inevitablemente los mitos que tejemos, aunque contienen errores, reflejan también un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios”.

Cierto que al primero, al pasado, al principio de todas las cosas, se aproxima uno mejor y más profundamente con la Filosofía y, más allá aún y hasta dónde se puede, con la Teología, y que el segundo, la realidad fáctica, se corresponde mejor con un saber más técnico, recolector y relator, como es la Historia. Pero la confluencia de los dos caminos en la épica de la mitología y la leyenda supone una ventaja nada desdeñable para iniciar con ella una aproximación básica y fundamental a eso que es nuestra historia y nuestras tradiciones. Es por tanto un primer escalón por el que empezar a ascender. Como bien señaló Chesterton, “los hechos no vienen antes, la verdad es la primera”, pero a pesar de ello muchos hoy la tienen olvidada y el resto la estamos olvidando, por ello los mitos y las leyendas, como retazos de verdad que son, pueden ayudarnos para un necesario reencuentro.

Por todo ello, los mitos, las leyendas y su épica, resultan instrumentos necesarios en la formación y educación de los niños. De entrada, pueden representar prefiguraciones de la Verdad. Ya nos decía C. S. Lewis que “los buenos sueños de los paganos” ––como a él le gustaba llamarlos–– han venido preparando al hombre para la comprensión del mayor acontecimiento de todos, la Encarnación.

martes, 18 de noviembre de 2025

UN OJO MORADO CELESTIAL

 


En el set de La resurrección de Cristo, Mel Gibson REVELA sus pensamientos al Arzobispo Vigano.

@CarloMVigano

 

“Otra más.

La denigración de nuestra Santísima Madre por parte de León —uno no quiere denigrar a la madre de nadie— ¿pero la de Dios? ¡Está pidiendo un ojo morado celestial!
Mel”

 

FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO: UNA INTERPRETACIÓN

 


Por IGNACIO BALCARCE


El estreno de la película de Guillermo del Toro ha refrescado especulaciones y conjeturas alrededor del gran mito de la modernidad: Frankenstein o el moderno Prometeo. Si bien una primera y ligera interpretación parece ponernos frente a los problemas que puede suscitar la ambición científica y el afán desmedido de los hombres por controlar la realidad circundante, la obra de Mary Shelley desliza otras posibilidades de interpretación, mucho más subterráneas y oscuras.

Conociendo el entorno de Mary Godwin Wollstonecraft de Shelley podemos saber que el objetivo de la obra no fue inspirar un sano temor de Dios ni pedirle moderación a una sociedad revolucionaria como era la inglesa de principios del siglo XIX -pronta a sufrir la reacción victoriana-. Entonces, ¿qué propósitos operan dentro de la famosa novela de terror?

La obra es misteriosa por donde se la mire. Llena de fuerza y densidad metafísica, parece difícil que haya sido escrita por una jovencita de 19 años.  La historia de su origen todos la conocen: año 1816, una sesión de espiritismo en Villa Diodati, Suiza, donde Lord Byron propone a Mary, Claire Clairmont, Percy Bysshe Shelley y el doctor Polidori escribir historias de horror y fantasmas. Después de eso Mary tiene una visión y escribe un pequeño relato, y Percy B. Shelley la anima a continuar ese primer esbozo en una obra de mayor consistencia y volumen. El resultado es una obra poderosa, inquietante, de ritmo ambivalente, capaz de transmitir las más variadas sensaciones, generando emociones contradictorias. Por su parte, Polidori escribiría un relato basado en leyendas regionales que tituló El vampiro, obra que inspiraría el Drácula de Bram Stocker entre otros.  

 

 

REINO UNIDO DE GRAN BRETAÑA

 

La adaptación -poco fiel a la novela- del director mexicano ha sido recibida como un detonante oportuno para reflexionar sobre la inteligencia artificial. China y EE.UU. se encuentran disputando una carrera desbocada por liderar el desarrollo de la IA, en una espiral vertiginosa que parece no poder detenerse porque mitigar los ritmos de producción y desarrollo significaría dejar que la potencia rival los supere. En esa obsesiva dinámica ya nadie sabe qué se quiere lograr con la IA, cuáles son sus límites y hasta dónde se la puede desplegar. Justamente, este desquicio ambicioso de las naciones por acopiar poder fáctico para dilatar un dominio universal emerge de Inglaterra y su proyecto mundial: el Reino Unido de Gran Bretaña. El particular ambiente donde se crió Mary Shelley y su Frankenstein.

La Inglaterra cismática de Enrique VIII, anglicanizada por Isabel I, republicana y sangrienta con Oliverio Cromwell, a partir de la Revolución Gloriosa de 1688, desata su proyecto de poder mundial. Dirigida desde un nuevo Parlamento, van a aplicar una coordinada ingeniería social orientada al desarrollo geopolítico, económico, científico, cultural y militar. Confiscación de bienes de la Iglesia Católica, Banca inglesa, usura legalizada, expulsión de campesinos hacia Londres, Manchester y Liverpool para alimentar con mano de obra barata la naciente industria, son los trazos que configuran una nación dispuesta a desparramarse sobre el mundo como un pulpo sobre su presa.

 Francis Bacon, pionero en este proyecto había anunciado tempranamente que “saber es poder”, rompiendo el amor por la sabiduría como contemplación perfectiva del hombre. El conocimiento se desligaba del crecimiento humano y la virtud, ya no sería un fin en sí mismo, y buscaría desarrollarse por los cauces de la voluntad de poder y el dominio de la naturaleza. Inglaterra iba a dedicar dos instituciones al conocimiento como instrumento de control: la Royal Society, dedicada a la ciencia empírica -el saber exotérico- y la Masonería, la Logia Unida de Inglaterra, con nacimiento formal en 1717, se ocuparía de los saberes ocultos y esotéricos.

FLIGHT RISK O EL DESAFIO HITCHCOCKIANO DE MEL GIBSON

 


Por REDUCO

 

Amenaza en el aire (Flight Risk, Estados Unidos/2025). Dirección: Mel Gibson. Guión: Jared Rosenberg. Fotografía: Johnny Derango. Música: Antonio Pinto. Edición: Steven Rosenblum. Elenco: Michelle Dockery, Mark Wahlberg, Topher Grace. Distribuidora: BF Paris. Duración: 90 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 16 años.

Decía el maestro John Ford: “Los arquitectos no sólo crean monumentos y palacios. También construyen casas … Lo mismo pasa con las películas.” Es lo que cumple decir en este caso de Mel Gibson.

Luego de grandes desafíos, de palacios y hasta catedrales, como La Pasión de Cristo, decidió dirigir un film pequeño, es decir, construir una casa, o más bien una casita. Pero, como Gibson es un consumado constructor de films, puede demostrar su talento en un proyecto menor, pero que por eso mismo es desafiante, porque, a la manera hitchcockiana, se plantea un reto formal: sólo tres personajes, dentro de un pequeño avión, volando sobre las montañas de Alaska. Con esto solo hace un filme trepidante, que lo tiene a uno atrapado de comienzo a fin sin poder dejar de estar suspenso de lo que va a ocurrir. Es lo básico del cine, aquello que caracterizaba a Hitchcock en grado superlativo: 1) el suspenso, 2) a partir de un personaje en peligro, 3) con el cual se nos ha llevado a identificarnos, 4) personaje que tiene sus debilidades y que es amenazado por un malo “de película”. Como trasfondo, un dilema moral, una culpa del personaje principal que pugna por expiar a lo largo de la película, y que es precisamente su “talón de Aquiles”. El malo, en este caso, hace el oficio del diablo: acusador, mentiroso y homicida.

El guión que le dieron a Gibson estaba muy bien construido, sin dudas. Pero el director le ha dado su “nervio” poniéndolo en escena, eligiendo al reparto adecuado, y sabiendo perfectamente dónde colocar la cámara. Formalmente es un film sin fisuras, porque si bien puede tener sus convencionalismos, y se le pueden ver las costuras, no se ha propuesto Gibson realizar una obra de arte sino una pequeña artesanía del cine de acción y suspenso. No obstante lo cual la película ha sido duramente vilipendiada por una gran masa de cretinos que sigue sin perdonarle a Gibson “La Pasión” o sus comentarios supuestamente “antisemitas”. A esta altura para algunos es “irredimible”. Se embromarán ellos.

La peripecia de Amenaza en el aire transcurre dentro de un pequeño avión en el que la agente del FBI Madolyn Harris (muy bien en el papel Michelle Dockery) traslada desde Alaska a un prófugo que acepta testificar contra su antiguo jefe mafioso a cambio de protección (de allí en parte el título de “Flight risk” que en un contexto legal significa “riesgo de fuga”). Al comando de la aeronave está el extravagante piloto “Daryl Booth” (estupendamente interpretado por Mark Wahlberg), que a poco levantar vuelo descubrirá su verdadera naturaleza…no queremos abundar para el lector que no ha visto la película, pero sepa el lector que vamos a recurrir al famoso spoiler en cualquier momento. Inevitable hacerlo en una crítica, porque ésta significa el juicio de toda la película y su justificación implica dar los detalles necesarios para apoyar nuestra apreciación.

Como sucede con Apocalypto, una vez que la tensión se apodera de la pantalla, va in crescendo hasta llegar al final, con una resolución atrapante más una típica vuelta de tuerca. No se le pida mucho más, ni simbolismos jugados o contenido político o religioso. Gibson ha entendido que no podía forzar la historia mediante agregados externos que hubieran sido muy evidentes. Tal vez la mención de Dios sea la perfecta cuando le avisan a la protagonista que el malvado ha muerto, a lo cual no puede sino lanzar con gran satisfacción y alivio un “Gracias a Dios”. Lo que no obsta para que ella deba seguir luego su pelea.

Tres espacios se suceden en la película: una cabaña, un avión, una ambulancia. Cada espacio es más pequeño que el otro, como un muestrario de cómo la protagonista va perdiendo la confianza en el mundo hostil que la rodea, a la vez que la coloca en una situación de vulnerabilidad que la vuelve enteramente humana y por lo tanto interesante para nosotros. Quizás eso es lo que hace funcionar la película: la mujer amenazada por el mal, cuyo triunfo es aun mas meritorio.

De algún modo, esta amenaza que hostiga y acorrala parece funcionar como una metáfora de cómo Gibson se ha ido sintiendo arrinconado cada vez más en su convulsionada vida artística en un medio hostil, dominado por agendas repelentes a las cuales no quiso prestarse a servir.  Sin embargo, como su heroína, al fin termina saliéndose con la suya.

LA MILICIA Y LA PAZ ESPIRITUAL

 


“Joseph de Maistre justificó la existencia del verdugo como instrumento de la Providencia y sus palabras horrorizan hoy a los clérigos demócratas y sentimentales que ejercen su ministerio desde los escenarios mundanos. El autor de este libro opina como el gran saboyano: es decir, ha logrado extirpar de su espíritu los últimos vestigios de ese "humanitarismo" - tentativa repugnante de conciliar, no obstante la prohibición expresa de Nuestro Señor, el Evangelio con el mundo - que es el más estúpido de los pecados modernos. Jesucristo no predicó la paz, sino la espada: non pacem, sed gladium. Y su promesa de ese supremo bien sobre la tierra a "los hombres de buena voluntad", excluye formalmente a los de mala voluntad.

El autor cree, por consiguiente, que la vida del católico es, en sentido estricto, una milicia; y sólo en ella encuentra, con la obediencia a su vocación, la paz espiritual. Cree además que la época de las cruzadas contra los infieles debe continuar hasta el fin del mundo y terminará con el advenimiento del Vencedor supremo. Por eso pone su obra bajo la advocación del venerable Pedro el Ermitaño, predicador de la Guerra Santa”.

 

Ernesto Palacio, Del Prólogo a “LA INSPIRACIÓN Y LA GRACIA”, Gleize Editor, Buenos Aires, 1929.

PROGRESO

 


miércoles, 22 de octubre de 2025

EL EQUÍVOCO GUENONIANO

 



Por DON CURZIO NITOGLIA

 

“Tradición” espuria guenoniana

 

René Guénon († 1951) puso de relieve, criticándola, la crisis del mundo moderno y revalorizó la Tradición. Pero ¿cuál es la Tradición a la que él se remite y qué aspecto de la Modernidad ha criticado en sus obras?

La Tradición guenoniana no es la Tradición apostólica, sino la “Tradición primordial”, es decir, un conocimiento (gnosis) iniciático/esotérico, autosalvífico e incluso autodivinizado mediante el solo conocimiento (gnosis) del iniciado en la escuela de un maestro (gurú) o un sabio (elegido).

La iniciación guenoniana es activa y se adquiere naturalmente por parte del iniciado mediante la gnosis o conocimiento esotérico; ella es profundamente diferente de la Mística cristiana, que es pasiva —aunque luego se deba corresponder a ella—, sobrenatural e infundida por el Espíritu Santo en el alma del justo.

 

Guénon filomasón cabalista anticristiano

 

En Occidente, según Guénon, la única fuerza capaz de transmitir la Tradición primordial sería la Masonería especulativa y mística, es decir, cabalística (dado que la filosofía esotérica de la Masonería es la cábala judía), y ya no lo sería la Iglesia católica, que habría perdido desde los primeros siglos la verdadera Tradición esotérica.

Sin embargo, paradójicamente (aunque no tanto), según los guenonianos la habría reencontrado con los Decretos pastorales del Concilio Vaticano II Nostra aetate y Unitatis redintegratio, que propugnan el pan-ecumenismo o la unidad trascendente de todas las religiones, tan deseada por Guénon y por Schuon.

En Oriente, para Guénon, la filosofía hindú sería aún más perfectamente transmisora de la Tradición primordial que la Masonería cabalística en Occidente. Ahora bien, el hinduismo y el budismo son una filosofía nihilista fundada en la nada, que prefigura el Nihilismo filosófico de la posmodernidad en Nietzsche, la Escuela de Frankfurt y el Estructuralismo francés, que nos ha llevado al cumplimiento y al empeoramiento de la Modernidad, es decir, al paroxismo ultramoderno y posmoderno que estalló en toda su virulencia con el 68.

Pero ¿cómo se puede criticar la crisis de la Modernidad intentando curarla con la posmodernidad, que es ultramoderna? ¿Acaso se puede curar un resfriado con una pulmonía? ¿Y una pulmonía con un cáncer de pulmón?

La Tradición primordial es llamada por Guénon también “metafísica”, es decir, por encima (metà) del mundo material (tà physiká).

Sin embargo, la metafísica guenoniana no tiene nada que ver con la platónica, aristotélica y tomista.

De hecho, ella está más allá, por encima no tanto del mundo físico, cuanto sobre todo de la Religión revelada y positiva, especialmente de la católico-romana, que para Guénon sería una Tradición desviada.

EL OCULTISMO, AGENTE PRECURSOR DEL ECUMENISMO: DEL DIÁCONO CONSTANT A TEILHARD DE CHARDIN

 

Ab. Constant, alias Eliphas Levi.


por CHRISTIAN LAGRAVE


Le Sel de la terre n.º 50

Otoño de 2004, pp. 125-146.

 

Este estudio se inscribe dentro de una perspectiva histórica como la expuesta por Jean-Claude Lozac’hmeur en sus dos obras fundamentales. La primera demuestra que la masonería es la forma moderna adoptada por una religión dualista muy antigua, la cual opone a un dios pretendidamente tiránico (el Dios de la Biblia) un dios supuestamente emancipador y amigo de los hombres, simbolizado por la serpiente [1]; la segunda explica cómo los adeptos de este culto ejercen, desde el Renacimiento, a través de organizaciones multiformes y más o menos secretas, una acción continua y profunda cuyo fin es el establecimiento de un Estado totalitario universal bajo la forma de una teocracia colectivista [2].

El éxito de su plan supone que se realicen simultáneamente, por una parte, la disolución de las naciones en provecho de un gobierno mundial, y por otra, la fusión de todas las religiones en una sola, bajo una autoridad espiritual única cuyo carácter luciferino —primero oculto bajo el velo de los símbolos— debe revelarse poco a poco para culminar en el culto público y casi universal del demonio. Este será el reino efímero del Anticristo. Estas dos maniobras de unificación de las naciones y de las religiones están en curso; incluso se hallan bastante avanzadas: la primera es el mundialismo, la segunda el ecumenismo.

Intentaremos mostrar que, en buena parte, el movimiento ecuménico contemporáneo ha sido inspirado por las tesis del esotero-ocultismo, vehiculadas por el “cristianismo romántico”, que fue a su vez fruto del ocultismo del siglo XVIII (como lo demostró la obra clásica de Auguste Viatte, Les Sources occultes du Romantisme); este seudo-cristianismo inspiró el esoterismo de fines del siglo XIX, el cual influyó profundamente en dos de los padres espirituales del Concilio Vaticano II: Marc Sangnier y Teilhard de Chardin.

Nos detendremos particularmente en un personaje clave, que constituye de algún modo el vínculo entre el cristianismo romántico —en el que transcurrió su juventud— y el esoterismo de fin de siglo, al que contribuyó ampliamente a suscitar: el diácono apóstata Alphonse-Louis Constant, conocido como Éliphas Lévi.

 

El esotero-ocultismo

 

Los términos “esoterismo” y “ocultismo”

Según Jean-Pierre Laurant [3], el sustantivo “esoterismo” apareció en 1828, bajo la pluma del historiador de la gnosis Jacques Matter (1791-1864), en su Histoire critique du gnosticisme. Pero el adjetivo “esotérico” había sido utilizado ya en 1742 por un masón, Louis-François de La Tierce, caballero protestante francés, establecido en Inglaterra y luego en Alemania, y autor de Histoire, Obligations et Statuts de la Très Vénérable Confraternité des Francs-Maçons, Fráncfort, 1742; en esta obra, “oponía dos clases de doctrinas: la exotérica, de la cual se podía hablar en público, y la esotérica, reservada al secreto de las logias [4]”. Los masones hicieron rápidamente un gran uso de este neologismo:

El fundador del rito de Memphis, Jacques-Étienne Marconis de Nègre (1795-1868), presentó en L’Hiérophante, développements complets des mystères maçonniques (1839) al conjunto de la masonería como un esoterismo heredero directo de los misterios pitagóricos. Una concepción semejante puede verse en el clásico de F. T. Bègue-Clavel, Histoire pittoresque de la franc-maçonnerie, París, Pagnerre, 1843, al comienzo del cap. I [5].

En cuanto al ocultismo, si la noción probablemente proviene del De occulta philosophia, enciclopedia de magia publicada en 1533 en Alemania por el médico y cabalista Henricus Cornelius Agrippa (1486-1535), el término parece haber aparecido hacia comienzos de la monarquía de Julio, pues figura en 1842 en el Dictionnaire des mots nouveaux de Richard de Radonvilliers; sería adoptado y difundido en 1856 por Alphonse-Louis Constant en su obra Dogme et rituel de la haute magie, firmada con el seudónimo de Éliphas Lévi.

La historia de estos dos términos aparece, pues, íntimamente ligada a la gnosis, a la masonería y a la magia. Pero ¿qué realidades designan?

El esoterismo

El esoterismo pretende fundarse en la existencia de una “Tradición primordial” que habría sido dada a los hombres desde los orígenes bajo una forma velada, de modo que sólo una élite pudiera acceder a ella. El esoterismo propone dar acceso a esas verdades ocultas por medio de una revelación, una “iniciación”, que es como un “despertar”, un segundo nacimiento. El conocimiento que procura es iluminativo e intuitivo; esta iluminación gnóstica por medio del conocimiento produce una especie de éxtasis que imita al de los místicos cristianos. Como lo expresa muy bien el Padre Barbier, el esoterismo postula la existencia de una tradición secreta, la conservación de una enseñanza reservada únicamente a los iniciados, la cual se habría perpetuado desde la antigüedad a través de los siglos; que el mismo Jesucristo la habría recibido y comunicado a algunos de sus discípulos para que fuera guardada con igual cuidado en el seno del cristianismo, y que, desfigurada o traicionada por la Iglesia, habría sido fielmente conservada por las sectas ocultas, cuya cadena ininterrumpida se remontaría a los orígenes mismos del cristianismo.

ADULTIZACIÓN INFANTIL: EL CRIMEN SILENCIOSO CONTRA TUS HIJOS