“Joseph de Maistre
justificó la existencia del verdugo como instrumento de la Providencia y sus
palabras horrorizan hoy a los clérigos demócratas y sentimentales que ejercen
su ministerio desde los escenarios mundanos. El autor de este libro opina como
el gran saboyano: es decir, ha logrado extirpar de su espíritu los últimos
vestigios de ese "humanitarismo" - tentativa repugnante de conciliar,
no obstante la prohibición expresa de Nuestro Señor, el Evangelio con el mundo
- que es el más estúpido de los pecados modernos. Jesucristo no predicó la paz,
sino la espada: non pacem, sed gladium.
Y su promesa de ese supremo bien sobre la tierra a "los hombres de buena
voluntad", excluye formalmente a los de mala voluntad.
El autor cree, por
consiguiente, que la vida del católico es, en sentido estricto, una milicia; y
sólo en ella encuentra, con la obediencia a su vocación, la paz espiritual.
Cree además que la época de las cruzadas contra los infieles debe continuar
hasta el fin del mundo y terminará con el advenimiento del Vencedor supremo.
Por eso pone su obra bajo la advocación del venerable Pedro el Ermitaño,
predicador de la Guerra Santa”.
Ernesto
Palacio, Del Prólogo a “LA INSPIRACIÓN Y LA GRACIA”, Gleize Editor, Buenos
Aires, 1929.
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