Por REDUCO
Amenaza
en el aire (Flight Risk, Estados Unidos/2025). Dirección: Mel Gibson. Guión:
Jared Rosenberg. Fotografía: Johnny Derango. Música: Antonio Pinto. Edición:
Steven Rosenblum. Elenco: Michelle Dockery, Mark Wahlberg, Topher Grace.
Distribuidora: BF Paris. Duración: 90 minutos. Calificación: solo apta para
mayores de 16 años.
Decía
el maestro John Ford: “Los arquitectos no sólo crean monumentos y palacios.
También construyen casas … Lo mismo pasa con las películas.” Es lo que cumple
decir en este caso de Mel Gibson.
Luego
de grandes desafíos, de palacios y hasta catedrales, como La Pasión de Cristo, decidió dirigir un film pequeño, es decir,
construir una casa, o más bien una casita.
Pero, como Gibson es un consumado constructor de films, puede demostrar su
talento en un proyecto menor, pero que por eso mismo es desafiante, porque, a
la manera hitchcockiana, se plantea un reto formal: sólo tres personajes,
dentro de un pequeño avión, volando sobre las montañas de Alaska. Con esto solo
hace un filme trepidante, que lo tiene a uno atrapado de comienzo a fin sin
poder dejar de estar suspenso de lo que va a ocurrir. Es lo básico del cine,
aquello que caracterizaba a Hitchcock en grado superlativo: 1) el suspenso, 2) a
partir de un personaje en peligro, 3) con el cual se nos ha llevado a
identificarnos, 4) personaje que tiene sus debilidades y que es amenazado por
un malo “de película”. Como trasfondo, un dilema moral, una culpa del personaje
principal que pugna por expiar a lo largo de la película, y que es precisamente
su “talón de Aquiles”. El malo, en este caso, hace el oficio del diablo: acusador,
mentiroso y homicida.
El
guión que le dieron a Gibson estaba muy bien construido, sin dudas. Pero el
director le ha dado su “nervio” poniéndolo en escena, eligiendo al reparto
adecuado, y sabiendo perfectamente dónde colocar la cámara. Formalmente es un
film sin fisuras, porque si bien puede tener sus convencionalismos, y se le
pueden ver las costuras, no se ha propuesto Gibson realizar una obra de arte
sino una pequeña artesanía del cine de acción y suspenso. No obstante lo cual
la película ha sido duramente vilipendiada por una gran masa de cretinos que
sigue sin perdonarle a Gibson “La Pasión” o sus comentarios supuestamente
“antisemitas”. A esta altura para algunos es “irredimible”. Se embromarán
ellos.
La
peripecia de Amenaza en el aire transcurre dentro de un
pequeño avión en el que la agente del FBI Madolyn Harris (muy bien en el papel Michelle Dockery) traslada desde Alaska
a un prófugo que acepta testificar contra su antiguo jefe mafioso a cambio de
protección (de allí en parte el título de “Flight risk” que en un contexto legal significa “riesgo de fuga”).
Al comando de la aeronave está el extravagante piloto “Daryl Booth” (estupendamente
interpretado por Mark Wahlberg), que a poco levantar vuelo descubrirá su
verdadera naturaleza…no queremos abundar para el lector que no ha visto la
película, pero sepa el lector que vamos a recurrir al famoso spoiler en
cualquier momento. Inevitable hacerlo en una crítica, porque ésta significa el
juicio de toda la película y su justificación implica dar los detalles
necesarios para apoyar nuestra apreciación.
Como
sucede con Apocalypto, una vez que la
tensión se apodera de la pantalla, va in
crescendo hasta llegar al final, con una resolución atrapante más una
típica vuelta de tuerca. No se le pida mucho más, ni simbolismos jugados o
contenido político o religioso. Gibson ha entendido que no podía forzar la
historia mediante agregados externos que hubieran sido muy evidentes. Tal vez
la mención de Dios sea la perfecta cuando le avisan a la protagonista que el
malvado ha muerto, a lo cual no puede sino lanzar con gran satisfacción y
alivio un “Gracias a Dios”. Lo que no obsta para que ella deba seguir luego su
pelea.
Tres
espacios se suceden en la película: una cabaña, un avión, una ambulancia. Cada
espacio es más pequeño que el otro, como un muestrario de cómo la protagonista
va perdiendo la confianza en el mundo hostil que la rodea, a la vez que la
coloca en una situación de vulnerabilidad que la vuelve enteramente humana y por
lo tanto interesante para nosotros. Quizás eso es lo que hace funcionar la
película: la mujer amenazada por el mal, cuyo triunfo es aun mas meritorio.
De
algún modo, esta amenaza que hostiga y acorrala parece funcionar como una
metáfora de cómo Gibson se ha ido sintiendo arrinconado cada vez más en su
convulsionada vida artística en un medio hostil, dominado por agendas
repelentes a las cuales no quiso prestarse a servir. Sin embargo, como su heroína, al fin termina
saliéndose con la suya.
