“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).
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jueves, 30 de abril de 2026

EL CIRCO QUE SE RETIRA

 


MILEI O LA METAFÍSICA DE UN PODER QUE NUNCA FUE

 

Por THIAGO BATTITI

En las salas silenciosas del Museo de Bellas Artes de Corrientes reposa una pintura que no es pintura sino admonición. La obra El circo se va del enigmático Benjamín Solari Parravicini —a quien la posteridad ha ungido, con mezcla de fascinación y temor, como el “Nostradamus argentino”— no se deja contemplar sin exigir del espectador un acto interior de rendición.

El sitio Museos de Corrientes describe la escena con sobria precisión: una figura andrógina, abatida, agotada tras la función, rodeada de objetos que reducen lo humano a su caricatura: el reloj que iguala los destinos, el espejo que devuelve la vanidad, la máscara que ya no engaña a nadie.

Mas lo que allí se dice apenas roza lo que allí sucede.

Porque esa figura no descansa: se desploma. No medita: se derrumba. No espera: abdica.

El circo —esa arquitectura de lo ilusorio— se retira. No hay aplausos, no hay despedida, no hay gloria final. Solo queda el actor cuando el teatro se disuelve. Y entonces sobreviene la revelación más terrible: el personaje era el único sostén del hombre.

El arlequín de Parravicini es, en rigor, el símbolo del poder cuando pierde su ficción legitimadora. Ha vivido de la exageración -como bien señala la crítica-, de la deformación, del artificio. Y ahora, en el instante en que el espectáculo concluye, la verdad emerge con una crudeza insoportable.

Nada había detrás.

En esta clave, la obra adquiere una resonancia inquietante al proyectarse sobre la actualidad.

La irrupción de Javier Milei en la escena pública —con su retórica inflamatoria, su gestualidad de ruptura, su vocación de escándalo— ha sido celebrada por algunos como una revolución. Pero toda revolución que se expresa en términos teatrales corre el riesgo de ser, en el fondo, una representación.

El arlequín no gobierna: actúa.

Y cuando el acto termina, la política -que exige sustancia, prudencia, orden- queda desnuda.

La figura de Karina Milei, en este contexto, aparece como el reverso invisible del cuadro: el otro payaso oculto en el dorso de la pintura, dato que el propio portal museístico destaca como un misterio adicional. Dos figuras, dos planos, una misma teatralidad bifronte.

El poder, entonces, no sería sino un juego de máscaras superpuestas.

ALINEAMIENTOS

La pintura se vuelve aún más elocuente cuando se la coloca bajo la luz de los alineamientos contemporáneos.

El acercamiento hacia Israel introduce una dimensión que no puede ser reducida a lo diplomático. Israel es símbolo, es genealogía espiritual, es eje de una historia sagrada que no admite frivolidades.

Y, sin embargo, cuando ese vínculo se instrumentaliza en clave política —cuando se lo invoca como legitimación, como escenografía moral—, corre el riesgo de convertirse en un elemento más del circo.

Por su parte, Estados Unidos representa la cúspide del orden material: poder financiero, tecnológico, militar. Pero también —y esto no es menor— la consagración de una cultura donde la imagen precede a la esencia.

Entre ambos polos -lo sagrado y lo hegemónico- el arlequín argentino intenta sostener su equilibrio. Pero su postura lo traiciona: está vencido.

LECTURA CABALISTICA

Si se permite una lectura más profunda —y Parravicini la permite—, el cuadro puede entenderse como la representación de un desequilibrio en el orden del ser.

El centro (la voluntad, el poder, el juicio) permanece activo —ese objeto rojo que el personaje sostiene con obstinación—. Pero la vertical ha colapsado.

No hay trascendencia. No hay ascenso. No hay eje.

En términos tradicionales: la fuerza (guevurá) ha sido separada de la misericordia (jesed). El resultado no es orden, sino rigidez; no es justicia, sino tensión; no es autoridad, sino simulacro de autoridad.

Parravicini no pintaba cuadros: insinuaba destinos. Su obra -como sus célebres psicografías- se sitúa en ese umbral ambiguo entre arte y revelación.

El circo se va no describe un momento: anuncia un proceso.

El proceso por el cual:

- lo espectacular sustituye a lo verdadero,

- lo gestual suplanta a lo real,

- lo efímero ocupa el lugar de lo permanente.

Y, finalmente, todo se derrumba bajo su propio peso.

No es necesario forzar el símbolo para advertir su dirección.

Cuando el poder se construye sobre representación, su caída no es gradual: es súbita. Como un telón que se desploma.

La historia enseña —con una severidad que los modernos desprecian— que toda autoridad carente de fundamento termina disolviéndose en:

- desorden interno,

- fragmentación social,

- violencia como sustituto de legitimidad,

- y, en no pocos casos, guerra.

El arlequín, sentado, no es un hombre cansado: es una civilización exhausta.

CONCLUSION

No hay condena explícita en la obra. No hay dedo acusador. No hay sentencia.

Solo hay una escena.

Pero esa escena contiene, como en los frescos medievales, una enseñanza: el poder que no se funda en la verdad no cae, se evapora.

Y cuando se evapora, deja tras de sí algo peor que el fracaso: la evidencia de que nunca fue.

El circo se va.

Y lo que queda no es el espectáculo, sino el juicio.

 

https://www.laprensa.com.ar/El-circo-que-se-retira-570925.note.aspx

 

lunes, 2 de junio de 2025

OTRO GNÓSTICO: ADRIÁN SALBUCHI

 


Por FLAVIO MATEOS

 

Teníamos conocimiento de Adrián Salbuchi como analista político o geopolítico, de referencia en lo que podría llamarse un “nacionalismo peronista”. Sabíamos también de su intento frustrado de llegar a construir un espacio político notorio a partir del que ha llamado “Movimiento Segunda República”. Como tal, siempre ha combinado su notable solvencia comunicacional con una –a nuestro humilde entender- endeblez teórica simétrica. Bueno para la demolición de los politiqueros y funcionarios globalistas, flojo para proponer un diagnóstico acertado y una solución eficaz. Anclándose en el “Justicialismo”, no podía ser de otro modo.

Pero de lo que no teníamos conocimiento es de su aspecto gnóstico, lo cual, por cierto, hace que cierre mejor su postulación política harto confusa. Cosa que, por supuesto, es de lamentar.

Así pues, recientemente nos hemos topado de casualidad con una serie de videos suyos, donde conferencia acerca del famoso compositor musical Richard Wagner. Bajo el título WAGNER GNÓSTICO, en tres partes, se trata de charlas impartidas en un denominado “CENTRO CULTURAL AZTLAN”, dirigido por León Azulay. ¿Qué es eso? Su página web lo explica:

“Aztlan es un nombre Tolteca que en la mitología antigua era la Ciudad Ideal de la Cultura, la Luz y el Conocimiento. Con el Método Aztlan® el Prof. Azulay ha logrado un método de enseñanza que combina e integra los sistemas de Psicología Holísticos más avanzados de nuestra época: La Psicología del Inconsciente Colectivo de Carl Gustav Jung y el Cuarto Camino de Gurdjieff y Ouspensky. Además, agrega la enseñanza del budismo y la Filosofía tanto de Oriente como de Occidente. Asimismo, hace más de 30 años que se dedica profesionalmente a la investigación astrológica, siendo uno de los precursores de la Astrología Humanista en la Argentina. Forman parte también del Centro Cultural los Profesores Nicolás Nardi y la Prof. Florencia Santoni, entre otros profesionales”.




Como puede verse en la captura de pantalla, el mentado centro cultural es un cambalache tolteca que combina el cuarto camino de Gudjieff, el budismo, la astrología, las enseñanzas del Dalai Lama y, a todo eso, la tercera posición de Salbuchi, por llamarle de algún modo. No deja de sorprendernos la serie de supercherías (macaneo, diría el Padre Castellani) que con total seriedad expresa Salbuchi en sus conferencias: transmigración del alma o metempsicosis, llegada de la era de acuario, estamos aquí para llegar al espíritu, y, sí, esta barbaridad: “Isis y la Virgen María son la misma cosa”.

Lo curioso es que alguien nos comentó que había visto varias veces a Salbuchi ir a las misas de la FSSPX. Pero nada de lo que dice en estas conferencias es católico, sino al contrario. Y, para aumentar la confusión, Salbuchi es habitué del canal TLV1 donde podemos encontrar –la Biblia junto al calefón- desde destacados representantes del Nacionalismo católico, hasta terraplanistas, pasando por sedevacantistas, peronistas y gnósticos.

Sobre lo último, también vimos allí recientemente que le abrieron las puertas en una entrevista a quien ya mencionáramos en alguna oportunidad, el gnóstico evoliano español Guillermo Mas Arellano. Se lo hace desde un programa llamado “Renacimiento nacional N°12 - Rebelión contra la cultura moderna”, cuya cortina musical es significativa: música de Wagner con guitarra eléctrica, o sea, nada de “rebelión contra la cultura moderna” sino lo contrario.

Dice el gnóstico español que su obra tiene más repercusión en Argentina que en España. Lamentable estado de confusión en que se encuentra nuestro medio intelectual. Y para peor, afectando a una gran cantidad de jóvenes, como pueden verse en las conferencias de Salbuchi. Según creemos, somos los únicos en ocuparnos de este tema. Sería bueno que alguien más le preste atención, a fin de poder sanear el ambiente cultural y enfocarse con mayor atención a difundir y promover la verdadera Tradición. No vaya a ser que poco a poco la confusión gnóstica se apodere cada vez más del ambiente intelectual, con la consiguiente degradación del pensar católico y la ineficaz reacción ante el revolucionario mundo moderno.

Y bien, estamos hablando de Wagner. Queremos hacer nuestro aporte a través de dos artículos en nuestro blog, que esclarecen muy bien quién fue Wagner. Son de dos autores muy autorizados en la materia.

Como cierre, y luego de haber comprendido mucho mejor a Wagner y lo que representa, nos parece haber acertado en una de nuestras conclusiones acerca de Vértigo de Alfred Hitchcock, que precisamente utiliza como leit motiv musical la música de Bernard Herrmann basada en el Tristán wagneriano: “Vértigo destruye impiadosamente la ensoñación perversa del amor romántico, cuya obra cumbre es Tristán e Isolda de Richard Wagner”. Y agregábamos: “La romántica “muerte de amor” del eros vuelve a ser tragedia en su siniestra reedición, pero tragedia que aún puede ser trascendida por el ágape cristiano. El sendero de Scottie es wagneriano, el de Hitchcock, no”. Para entender esta conclusión, estimados amigos, deberán leer el libro (Vértigo, el enigma vertical, Ediciones Reacción).

 

miércoles, 12 de junio de 2024

JOSÉ MARÍA PEMÁN: LA HISPANIDAD ENTRE NOSOTROS

 


Extractamos, a la manera de aforismos, pensamientos, observaciones, reflexiones del gran José María Pemán, en su libro “El Paraíso y la Serpiente”, tras su paso por Argentina y Uruguay en el año 1941.

 

-“Lo bello del ascetismo es la bienaventuranza eterna a que aspira, no el potaje de garbanzos a que se resigna”.

 

-“El instrumental humano de Buenos Aires es una selección de cortesía, moderación y buenas formas. Todos los tipos más matizados y sutiles de la civilización europea de hace unos años –el gentleman, el abate, el diletante-, tienen allí excelentes reproducciones”.

 

-“El indigenismo no es más que el recurso genealógico de los que no tienen archivo doméstico”.

 

-“Lo que importa en el mestizaje, como en las palabras compuestas, es colocar bien el acento”.

 

-“Con reminiscencias clásicas se puede hacer cesarismo, y se puede hacer demagogia. Con gestos romanos se decoró la Revolución francesa, y se decora el fascismo italiano".

 

-“Y es cierto que un romano, dijo lindamente, para la tumba de una muchacha: “Séate la tierra leve, como tú fuiste leve sobre la tierra”. Pero, ¡cuidado!, que en Santiago del Estero un guaraní, para la tumba de otra muchacha, dijo: Chaupí, punchaupí, tutahiarka; lo cual no es muy eufónico, pero significa nada menos que esta preciosidad: “En la mitad del día anocheció…” La sobriedad poética es una flor humana, no un tema de retórica clásica”.

 

-“La “ópera” es la liturgia de una época individualista que carecía ya de verdaderos estímulos de congregación. El hombre que no se congregaba ya en la catedral, ni en el ágora, buscó ese modo de hacerse espectáculo de sí mismo”.

 

-“Toda democracia ha sido siempre empresa de una oligarquía”.

 

-“Cuando se dijo: “proletarios del mundo, uníos”, ¿en qué se unieron los proletarios? En el gesto, en la divisa y en el himno: en el puño cerrado, en el trapo rojo. Pero que lo más insobornable y hondo de los proletariados había quedado fuera de esa internacional, bien claro se ha visto en lo rápidamente que se “nacionalizaron”, al encontrarse en guerra”.

 

-“España no sabe de aldeanismos nacionalistas. Es, por esencia, universalista y católica”.

 

-“Es proverbial la cortesía y la amabilidad de los argentinos. Cada presentación va seguida de una invitación. Sí, Buenos Aires es una de las ciudades del mundo que más saturan al visitante de urbanismo, de ciudadanía, de urbanidad civil”.

 

-“No menos expresivo de esa otra realidad argentina que es su solícita cortesía hospitalaria, es el “¿cómo no?” Desde que el forastero llega al país, todos –el portero, el cochero, el mandadero-, acatan sus órdenes con un continuo y extremoso: ¿cómo no? Parece que la Argentina viviera en un perpetuo asombro de que alguien pueda dudar de su amabilidad universal e inmensa”.

 

-“El “gaucho” siempre ha estado, por instinto, con lo más autóctono y nativo en la política. Fue de San Martín, fue de Rosas, fue de Artigas, fue de Liniers. Lucía su bigote como una protesta de “independencia”; no en balde los soldados invasores de Beresford venían rapados.”

 

-“El “gaucho” se mustia, se achica. Se siente un cero desamparado e inerme en la máquina de la Libertad. Llega a esta dolorosa conclusión:

Porque el gaucho en esta tierra

sólo sirve pa votar.”

 

-“Yo esperaba mucho de este capítulo de la revelación argentina. La música popular es la expresión urgente del sentir y el pensar de cada pueblo. Cuando los catedráticos empiezan a definir a una nación, ya ella se ha denunciado, mil veces, al son de una guitarra”.

 

-“Para que descansaran las gargantas de los trovadores, se hizo un intermedio de baile. Desde luego, por decreto del doctor Meade, se desechó “el tango”. El tango no es argentino. Es que el extranjero, en definitiva, no conoce de Argentina más que los muelles de Buenos Aires, que son, como todos los muelles, revueltos y cosmopolitas. El tango no es de aquí ni de allí, es un lúbrico balanceo de marinero recién desembarcado y en celo, construido con una mezcla tropical de habanera y milonga. Es de todos los muelles y de ninguna de las Musas”.

 

-“Una eliminación valiente de prejuicios anti-tradicionales, una buena educación clasicista y centrípeta, podrá hacer del universalismo argentino un inestimable laboratorio de “ricos aumentos” para el castellano”.

 

-“La Independencia sudamericana, en su más lúcida parte, fue obra de soldados y sacerdotes. Por patriotismo y por ortodoxia, respectivamente, esos son los dos tipos sociales que tenían que sentir más hondamente la reacción frente a aquel instrumento de las ideas enciclopedistas que era Napoleón. San Martín y el deán Funes, por ejemplo, son dos tipos representativos del verdadero pensamiento emancipador: dos dioses lares. Por eso decía Lugones que aquellos países son obra de la Espada y de la Cruz. Algunos españoles se asombrarán al ver así convertida en una especie de “carlismo”, la emancipación que ellos creían obra doctrinaria, afrancesada y liberal. Pero así es la Historia y la Verdad”.

 

-“Y la Hispanidad o no será nada, o tendrá que ser eso: el cuerpo donde vuelva a encarnar Cristo para una segunda redención del mundo”.

 

-“Padre Artigas, vencedor de las Piedras: hay una batalla americana que ganar al lado de Buenos Aires, y hay una batalla mundial que ganar al lado de España”.

 

-“Creo, siempre, en el valor de las “minorías selectas”; pero esa fe mía se duplica en la América española, donde estimo insospechado el empuje que puede tener un grupo escogido de hombres decididos y cultos. El influjo social del intelectual puro es mucho mayor en América que en Europa. Sociedad más elemental e ingenua conserva mayor fe en el “vate”, en el “augur”, en el “rapsoda”.

 

-“En sí, ni la “democracia” que es ruido, ni la “estatolatría” que es aplastamiento, son climas propicios para la Cultura. En la soledad tranquila de una granja, en las afueras de Roma, mientras el César se ocupaba de la administración, pudieron escribirse las Odas de Horacio y la Eneida de Virgilio. No se hubieran escrito si Virgilio y Horacio hubieran tenido que salir, a cada momento de la granja, para votar y ser diputados y concejales. Tampoco se hubiera escrito si el Estado los hubiese molestado continuamente en la granja con un lujo intervencionista de planillas, registros, declaraciones y tributos”.

 

-“Mira, a mi juicio, estamos viviendo la liquidación y término de un ciclo histórico: el de la Revolución francesa. Esta, como toda revolución laica y materialista, desprendida de la unidad suprema y divina, se rompe en dos capítulos. Uno, multitudinario y demagógico, que es el jacobino; otro de reacción autoritaria, que es el napoleónico: vaivén de péndulo, como todo lo que es acción y reacción puramente materialista, sin apelación a una superior verdad. Todo un siglo se reparte en esos capítulos: o el “individualista” que dice: “Todo el Estado para el individuo”; o el “totalitarista”, que dice: “Todo el individuo para el Estado”. A la liquidación de ese ciclo revolucionario estamos asistiendo: esta gran guerra de Europa [II Guerra mundial] es la guerra de los últimos napoleones contra los últimos jacobinos”.

 

-“Ni democracia, ni autoritarismo –las dos partes incompletas de la solución revolucionaria; del vaivén materialista del siglo- las tenemos nosotros “enfrente”, como enemigos. Las tenemos “detrás” como valores superados en nuestro camino. Nuestro José Antonio Primo de Rivera, al formular la tesis española, concretó clarísimamente dos postulados que, por sí solos, nos diferencian, por elevación, de las otras tesis incompletas de la hora. Dijo que la política debe basarse sobre “el respeto a la persona humana portadora de valores eternos”; dijo que la Nación tenía que ser “una gran misión que cumplir en lo universal”. Ya comprenderás que no puede confundirse con ningún nacionalismo incompleto o pagano, este originalísimo y mal llamado nacionalismo español, que nace, desde el primer momento, preocupándose de las dos cosas que, por una o por otra, precisamente, exceden a la Nación: el individuo y el mundo. Ya están ahí en fila y jerarquía los tres valores tradicionales y cristianos: lo individual, lo nacional y lo universal o católico. Por eso José Antonio negó siempre que su doctrina pudiera considerarse como un “fascismo” más, y declinó la invitación que le hicieron para un Congreso internacional “fascista” que había de celebrarse en Montreux. José Antonio no quiso despilfarrar su tesoro cristiano y sintético, entregándolo a las incomprensiones de una Europa agitada de egoísmos y utilidades. Lo guardaba, acaso, para la pureza íntima y hogareña de la Hispanidad”.

NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS

 



lunes, 25 de marzo de 2024

LA PASIÓN DE CRISTO: 20 AÑOS DE SU ESTRENO EN ARGENTINA

 




Por Flavio Mateos

 

Hoy 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, y en este año Lunes de Semana Santa, hace exactamente veinte años, el jueves 25 de marzo de 2004, se estrenaba en Argentina una obra cumbre del arte religioso, la película más trascendente de la historia del cine y la más revulsiva para el establishment hollywoodense: La Pasión de Cristo, dirigida por Mel Gibson. Obra arriesgadísima, inspirada confluencia de talentos sostenidos por la gracia (puesto que sus máximos responsables acudían a la misa tridentina diariamente), transgresora respecto de la mediocridad y cobardía de sus antecedentes en el género, rigurosa tanto en su resolución formal como jugada en su ortodoxia doctrinal, ya hemos dedicado un libro y muchas más páginas a la película, así que no queremos repetirnos. Pero, rememorando este hecho que merece ser recordado, puesto que el beneficio para los fieles católicos ha sido inmenso en todo el mundo, apenas damos unos apuntes, para lo cual vamos a traer acá a nuestro siempre requerido Padre Castellani.  

Decía aquel, en su sermón del Domingo de Ramos de 1966:

“Si nos ponen ante los ojos una escena estremecedora de sufrimientos, naturalmente lloramos; yo he llorado en el teatro tres o cuatro veces: no en el teatro nacional. Eso lo puede hacer mejor un actor que un predicador, y mejor aún el cine. De modo que para llorar a gritos, mejor es que fueran ustedes a ver una de las treinta y cinco o cuarenta “filmes” que han hecho los yanquis sobre la Vida de Cristo o su Pasión; “filmes” que empiezan, promedian y terminan con el dogma moderno de que Cristo apareció en la tierra para defender la Democracia”.

(Esta y todas las citas están tomadas del libro “Homilías inéditas”, Edive, Mendoza, 2020).

Ahí está servida en bandeja una observación que permite de inmediato cualificar la película de Gibson: sí, de acuerdo, hemos llorado mucho (los espectadores normales, no los intelectuales pedantes o farisaicos, no los judíos ni los modernistas ni los periodistas a sueldo de los medios masivos de falsificación, que por el contrario han rabiado, pataleado, denigrado, acusado de antisemitismo y otras paparruchadas al director del film), pero si debemos destacar por sobre todas las cosas la película, no es por su gran carga emotiva, absolutamente lograda merced al talento artístico de sus realizadores, sino porque contradice todas las versiones previas del cine –sea o no hollywoodense-,  cine que nunca se animó a presentar la Pasión en sí misma, ni se animó a afirmar con convicción la relación del sacrificio redentor de Cristo que es el sacrificio redentor de la santa misa, ni se animó a mostrar el fariseísmo de frente y con crudeza, sin pedir permiso a la B’nai B’rith para satisfacer las demandas de los fariseos contemporáneos. Sí señor, como dice Castellani: “No está mal llorar los dolores de Cristo; pero llorar nuestros pecados es más alto; el llorar por todos los pecados del mundo, aún más alto: “dichosos los que lloran”; el hacerse una idea de lo que será el pecado delante de Dios, más alto todavía; y el conocer que “Dios es amor” es lo mejor de todo. Para eso sirve el vivo recuerdo de la Pasión, que tanto se empeña la Iglesia en suscitar ahora. Eso sí, debe ser vivo, cuanto más vivo mejor”. Y ese recuerdo vivo, vivísimo, nos lo ha presentado “La Pasión de Cristo”, que anuncia desde un comienzo, que todo lo que hemos de ver que sufre Cristo en la película fue, como dice el capítulo 53 de Isaías, que cita el film: “Él, en verdad, ha tomado sobre sí nuestras dolencias, ha cargado con nuestros dolores, y nosotros le reputamos como castigado, como herido por Dios y humillado. Fue traspasado por nuestros pecados, quebrantado por nuestras culpas; el castigo, causa de nuestra paz, cayó sobre él, y a través de sus llagas hemos sido curados”.

Sigue el Padre Castellani:

“¿Por qué escogió Cristo una muerte tan atroz? Si bastaba una lágrima, una gota de sangre del Hombre Dios para hacer la Redención, ¿a qué esa monstruosa orgía de atrocidades? La respuesta corriente es que sus enemigos eran atroces; y es buena en puridad. Puesto que Cristo iba a satisfacer por todos los pecados del mundo, era conveniente que toda la maldad del mundo se volcara sobre él –dice Santo Tomás. Y así toda la maldad humana se concentró en un rincón del mundo y se hizo una punta, un “pincho” que cayó sobre un solo hombre. Esa palabra “pincho o aguijón usa San Pablo: “el pincho del pecado es la muerte”-dice (I Cor. 15,56).”

Esa “extrema violencia” de que acusaron a la película los que entonces se erigieron en escandalizados guardianes del decoro (mismos que elogiaban toda clase de bazofia ultraviolenta surgida de la enajenación de los asalariados de la perversión judeo-hollywoodense), era necesario se mostrase, y arriba está la razón. Porque además “toda esa masa de perversidad se había conglomerado en Palestina y era empujada de atrás por toda la perversidad humana, gobernada por el Príncipe de este Mundo” (Castellani). Y aquí tenemos otro grandísimo acierto de la película: la presentación del diablo, el enemigo, el ideólogo homicida y mentiroso de toda esa salvaje maldad impotente. Y “era necesario –dice Castellani- que la maldad se hiciese manifiesta en un ejemplo retumbante para darnos una idea de lo que es el pecado –y sus consecuencias”. De no haberse mostrado todo ello, la película hubiese sido otra falsificación más, una mediocridad de la que nadie seguiría hablando ya hace mucho tiempo.

En definitiva, “La Pasión de Cristo” puso en escena, en la gran pantalla, y de forma bella, todo aquello que nadie se había hasta entonces animado a des-ocultar, a poner a la consideración mundial, sin concesiones a la corrección política. El coraje y la audacia que hicieron falta para ello, ya de por sí vale nuestro encomio. El resultado es una obra que ya es un clásico del cine. Y como toda obra de arte, llama a ser contemplada, disfrutada, interpretada para ser, finalmente, trascendida.


miércoles, 6 de diciembre de 2023

CIERTAMENTE NO MÁS DE LO MISMO. RESEÑA AL LIBRO DE JAVIER ANZOÁTEGUI

 


Las hojas de la higuera (más de lo mismo), Javier Anzoátegui. Vórtice, Buenos Aires, 2023. 513 p.

Por Enrique de Zwart

Sabíamos que el Dr. Javier Anzoátegui era un hombre de buenas leyes. Y ahora sabemos que es también de buenas letras. Lo segundo confirmado con la reciente y actualísima Las hojas de la higuera (más de lo mismo) que nos han sacado de la modorra y motivado a escribir unas breves líneas.

¿De qué se trata? Digamos que es el tema esjatológico[1] por excelencia que solo grandes escritores se han atrevido a tocar, y que solo una fracción de estos lo ha hecho exitosamente. Las hojas de la higuera (LHDLH) entra sin dudas en esta categoría.

¿De qué grandes autores estamos hablando? De Vladimir Soloviev y su Breve relato sobre el anticristo (1900), de Robert H. Benson y su Señor del mundo (1907), de C. S. Lewis y su Trilogía cósmica (1945), de J.R.R. Tolkien y su El Señor de los Anillos (1954). Para colmo compatriotas de Anzoátegui, y nuestros, han incursionado en el tema de modo muy logrado: Hugo Wast con Juana Tabor, 666 (1942), Leonardo Castellani con Su Majestad Dulcinea (1956), Juan Luis Gallardo con Omega 666: El planeta gris (1996). Pesos pesados. Y no es una lista exhaustiva, sino de aquellos a quienes hemos leído. Y nos limitamos solo a novelas, dejando ensayos y otros estilos fuera.

No se crea que esto es una mera permutación de Benson o Castellani. Mucha agua ha corrido bajo el puente. Hay mucho mérito de Anzoátegui para imaginar escenarios plausibles y probables, y distintos a los esbozados anteriormente. Donde Benson conjeturaba a Roma resistiendo y ergo siendo destruida por el Anticristo, acá éste la hace su sede debido a la Gran Apostasía y a las buenas migas con el Falso Profeta. Benson sí vio las naciones diluidas y fagocitadas por el globalismo, pero no se atrevió a imaginar a Roma claudicando y plegándose al Enemigo. Castellani si la pudo vislumbrar, por eso el carácter profético de Su Majestad Dulcinea (SMD) con la Iglesia traicionada por sus jerarcas y funcional a los poderes del mundo. Claro que lo de Benson fue un pronóstico de un siglo, lo de Castellani de medio siglo, y lo de Anzoátegui es en gran parte un diagnóstico. Benson no pudo concebir la infiltración en la Iglesia, Castellani sí. Anzoátegui simplemente la describe.

 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Foto histórica

 


El Dr. Gustavo Martínez Zuviría, conocido como novelista por Hugo Wast, firma, en su calidad de Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación Argentina, la Ley de educación religiosa en las escuelas argentinas, el 31 de diciembre de 1943.

Fotografía inédita que nos fuera caritativamente facilitada por su hija la Sra. Magdalena Martínez Zuviría (1928-2020), familiarmente llamada Madelón, que gentilmente nos honró con su amistad.

Aquí puede leerse una semblanza de tan destacada señora: https://aica.org/noticia-el-instituto-hugo-wast-recuerda-a-su-presidenta-honoraria-magdalena-sofia-martinez-zuviria