“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).

miércoles, 3 de diciembre de 2025

NOVEDAD EDITORIAL: LA CRUZ Y LA PALABRA

 


Ave María Purísima.

Informamos a los lectores de un nuevo título salido en nuestro sello editorial:

LA CRUZ Y LA PALABRA de Flavio Mateos.

Anticipamos su contenido, se consigue ACÁ.

 

·       PRÓLOGO   11 

·       ARTÍCULOS  15 

·       FE Y RESISTENCIA   17 

·       El edificio de mi fe  17 

·       Dónde reside nuestra fuerza  20 

·       Resistir firmes en la cruz  23 

·       Locura religiosa  30 

·       Los “fracasados”  35 

·       ¿Por qué estoy en la Resistencia?  44 

·       Contra el aborto: ¡Salvemos el Decálogo! 52 

·       Argentina y el aborto: duelo nacional permanente  58 

·       La conspiración anticristiana  63 

·       Democracia  75 

·       Mileikowsky  82 

·       Nuestro pobre sentimentalismo  85 

·       HABEMUS PAPAM    93 

·       Cinema Paradiso: impresiones desde Buenos Aires por un católico tradicionalista argentino perplejo  93 

·       Año de la fe: ¿Qué fe? La fe en el hombre  102 

·       Aviones y rascacielos  104 

·       Plebeyismo  107 

·       Del cantar de gesta al chamuyo del gesto  108 

·       “Habemus papam”: ¿Coincidencias casuales  o el programa de destrucción del Papado anticipado por una película?  111 

·       Triste, solitaria y final: el largo adiós de la apóstata iglesia conciliar  117 

·       “Tucho” y el Diablo  123 

·       Más repercusiones de Traditionis Custodes  129 

·       Más acerca de Traditionis (Vaticano II) Custodes  143 

·       AGENDA FÁTIMA   147 

·       Como el Imperio Romano, Rusia se convertirá  147 

·       Entrevista sobre “Fátima y Rusia”  160 

·       “La carta debería ser abierta en 1960”  170 

·       ¿Católico liberal y devoto de la Virgen?  181 

·       FSSPX Y ROMA: 193 

·       Cicatrices  193 

·       El vestido conciliar  195 

·       Praxis revolucionaria y FSSPX   198 

·       La estrategia de Satanás  201 

·       Sobre el contraconcilio de la FSSPX   216 

·       La gran ilusión   221 

·       Un periodista en la cumbre  232 

·       Monseñor Lefebvre: Un obispo censurado por la neo-FSSPX   236 

·       Cómo reconocer a un liberal 240 

·       Dialéctica modernista  251 

·       El ecumenismo de Monseñor Fellay  259 

·       Rústico y resistente (El vikingo Hrabina)  278 

·       “Es la Religión, estúpido”  281 

·       Tapabocas  288 

·       CULTURALES  296 

·       La Ciudad del Pecado  296 

·       La Madre en el cine argentino  310 

·       “El Paseo” de Robert Walser: el cielo de los niños  314 

·       Fortunato Lacámera: Fuga y Misterio  322 

·       John Wayne  325 

·       El nombre equivocado  328 

·       El terror de los vampiros  330 

·       La sabiduría de un pobre  334 

·       La importancia del mecenas (A los amigos y benefactores)  337 

·       “La mirada de la fe en el cine”: ¿Qué fe? La del modernista Ravasi 347 

·       El discurso del Anticristo  349 

·       La Argentina sofocada  352 

·       EL CINE Y SU CRÍTICA   360 

·       A modo de prólogo (Lo esencial de Alfred Hitchcock)  360 

·       El tesoro escondido  363 

·       Nefarious: Presencia de Satanás en el mundo moderno  371 

·       El cine de Mel Gibson   381 

·       La Pasión de Cristo: 20 Años de su estreno en la Argentina  383 

·       El barroco  386 

·       John Wayne en la imbatible diligencia  391 

·       A la hora señalada  395 

·       Mr. Skeffington   398 

·       Decision at Sundown   401 

·       Way of a gaucho  403 

·       El adios del unitario  406 

·       AFORISMOS  411 

·       POEMAS  421 

·       El caminante  422 

·       Corazón de niño  422 

·       Allá voy  423 

·       Caballero  424 

·       Sufrir o morir  424 

·       Esperanza  425 

·       Vida interior  426 

·       Poesía  427 

·       Si la muerte acaba con mi vida  427 

·       De pronto  428 

·       Mi sello  429 

·       Última pincelada  429 

·       Amor divino  430 

·       La sencillez es todo  431 

·       Canción a la luna  432 

·       Ascensión   433 

·       Cuarenta  434 

·       Sobre los fresnos  434 

·       Un secreto  435 

·       El mar  436 

·       Teresita  437 

·       CUENTOS  439 

·       Perseguido  441 

·       Salida  443 

·       La isla del náufrago  444 

·       Sin rumbo  446 

·       El sembrador  449 

·       “Ustedes son cerrados”  454 

·       Unos monos muy curiosos  456 

·       HUMOR   459 

·       Domingo de elecciones  461 

·       El buen pastor  464 

·       Una mañana en el Vaticano  465 

·       Encuentro de la oveja perdida y el buen pastor  473 

·       Cómo ser un católico resistente auténtico  480 

·       Extraordinario hallazgo arqueológico: encuentran manuscrito inédito de una carta de san Pedro  484 

·       Enzo Mantecole: “Hay un prejuicio contra Francisco”  486 

·       Comentarios fuera de la caja  488 

·       El solideo no se mancha  494 

·       Pensamientos para el diálogo y el encuentro  496 

·       Sentencias de El Nuevo Confusio  497 

·       APÉNDICE   501 

·       Datos del autor  502 

·       Obras  503 

·       Blogs  505 

 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

LOS “SUPERIORES INCOGNITOS”: DE BÄR DOV (†1772) A RENÉ GUÉNON (†1951)

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

22 agosto 2020

 

Prólogo

Solo con pronunciar la fórmula mágica “Superiores Incognitos” se piensa enseguida en el sufí/esoterista René Guénon (1886-1951), pero en realidad esta fórmula “mágica” no es creación suya (como gran parte de “su” doctrina, que le era susurrada al oído por los cabalistas,[1] casi siempre ocultos detrás de todo esoterista[2]).

En realidad esta doctrina era harina (que “se vuelve salvado”, como la “harina del diablo”) del saco —mucho más profundo y casi sin fondo, que “se pierde en la noche de los tiempos”— del rabino (ça va sans dire) cabalista Bär Dov (que no debe confundirse con “Bar-Abba”) de Mesritisch (1710-1772), el sucesor de Israel Ba‘al Shem Tov (1700-1760), quien fue el fundador del Jasidismo de los Lubavitch o Chabad.

 

Rabbi Bär Dov y los “36 Superiores Incognitos”

En efecto, Rabbi Bär Dov enseñaba que el Tzaddik (en hebreo “Justo, Santo, Perfecto”), en el Jasidismo, representaba la verdadera y auténtica guía espiritual de los jasidim y el intermediario o mediador entre la Divinidad y los judíos, especialmente los jasídicos (cf. Lea Sestrieri, La espiritualità ebraica, Roma, Studium, 1987).

Rabbi Bär Dov tomó el concepto de Tzaddik de la Cábala y, en particular, del Zohar, según el cual —junto con el Talmud de Babilonia (bSanhedrín 97a/b; bSukkot 45b)—:

«En la Jerusalén celestial, donde reside el Templo perpetuo, que volverá a descender sobre la Jerusalén terrestre con la venida del Mesías, se encuentra un altar donde el Arcángel Miguel realiza los sacrificios y, sobre todo, ofrece a Dios las almas de los “Tzaddikim Incognitos”, las cuales son el “alimento de la Divinidad” (no hay que maravillarse si los rabinos cabalístico-talmudistas han llegado incluso al deicidio… por “envenenamiento”…).

Según el Jasidismo, cada generación humana, además de los “Tzaddikim conocidos o cognitos”, posee al menos “36 Tzaddikim Incognitos”,[3] llamados en hebreo Lamed-Vav Tsaddiqim o Lamed Wawniqim, que, sin ser vistos por nadie [“una mano oculta dirige todo…”, nota del autor], cumplen su obra de mediación entre los jasidim y la Divinidad, gracias a la cual el mundo continúa existiendo».

LABERINTOS DEL ROMANTICISMO

 


Por Ignacio Balcarce

 

Para lograr una inteligencia transparente del naufragio cultural que padece Occidente deberíamos -como primer movimiento analítico- remontarnos al “Siglo de las Luces” para encontrarnos con los primeros balbuceos de la ideología iluminista. Instalados allí, podríamos indagar en sus causas, y eso nos remontaría más atrás en el tiempo, por lo menos, a la revolución protestante.

Pero en este caso, queremos contribuir a esclarecer el desarrollo de la tendencia revolucionaria atendiendo a otros factores que han intervenido en el despliegue del proceso destructivo, que reporta cierta complejidad para su comprensión, porque no siempre avanza de manera limpia y homogénea.

El iluminismo -como primera corriente antropocentrista y secularizadora- encontró un complemento perfecto en otro fenómeno cultural que en principio se insinúa como reacción antagónica, para finalmente amalgamarse en una misma y única cosmovisión inmanentista que se extiende hasta hoy.

La convergencia de iluminismo y romanticismo configura la trama de principios y valores de eso que llamamos Modernidad, como corriente cultural inmanentista que predomina desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Entender esta abigarrada mixtura es de mayor importancia porque constituye el núcleo ideológico desde donde proliferan todas las demás ideologías que actualmente circulan desbocadas por nuestros ambientes.

 

RAZON DISMINUIDA

El temerario presupuesto de la ideología iluminista fue que la religión divide a los hombres, es causa de guerras y por lo tanto debía ser suprimida, para pasar a buscar otro tipo de nexo vinculante para la humanidad. Ese nuevo punto de reunión capaz de conducir a una fraternidad universal será la Razón, pero una razón disminuida, sin alcance metafísico, sin capacidad de certezas religiosas, porque justamente, esa urticante cuestión, era la que debía ser abolida para evitar las tensiones sociales.

Al mismo tiempo que se rinde culto a la diosa razón, se promueve el agnosticismo metafísico y religioso, pisoteando toda la auténtica sabiduría tradicional heredada de Grecia, Roma y los contextos cristianos, que supieron encontrar en la razón el cauce adecuado para comunicarse con lo divino. La religión es el privilegio de la creatura racional, repetían los Padres de la Iglesia.

Desde entonces el iluminismo vegeta en un racionalismo cientificista, patinando en la superficialidad del empirismo, que si bien puede proveer conocimientos para el desarrollo técnico y el dominio de la naturaleza, es incapaz de otorgar el saber que eleva al hombre y le da expansión al espíritu.

Ante ese asfixiante panorama irrumpe el romanticismo, con la intención de recuperar la dimensión religiosa del hombre. Pero más allá de la valerosa iniciativa, este movimiento no logra escapar a ciertos postulados iluministas, y compartiendo errores comunes, contribuye a consolidar la cultura de la inmanencia que tiene atrapado al hombre contemporáneo.

DESVIOS

El romanticismo es un tema que suele ser mal encarado. Por lo general reducido a una expresión artística, y la mayoría de las veces, aparece acusado por el iluminismo liberal como la vertiente precursora de los populismos actuales, pero esta simplista imputación parece responder más a una incapacidad ilustrada para entender la sociabilidad humana y asumir con franqueza las deficiencias de ciertos formalismos institucionales. Los desvíos románticos pasan por otro lado.

Debe reconocerse como un movimiento heterogéneo, con distintas fases y distintas expresiones regionales a medida que se fue difundiendo, pero su nacimiento y primera oleada tiene que ubicarse en Alemania, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. No es fortuito que aparezca en territorio protestante, donde el cristianismo de vena luterana es un fideísmo subjetivista.

ANATOMÍA DE UN LIBRO PARA OLVIDAR LO ANTES POSIBLE

 



Por REDUCO

 

Casi llamamos necropsia a este trabajo que nos decidimos a hacer, quizás para justificar el gasto de comprar y leer este libro que nos deja un sabor muy amargo en la boca.

Si uno se propone saber quién era Alfred Hitchcock, deberá ignorar olímpicamente la presente “anatomía del maestro del suspense”, escrita por alguien llamado Edward White cuyos antecedentes mencionables son haber trabajado dos años en la BBC y colaborar en el suplemento literario de The Times.

Muchos años después de la bochornosa biografía de Donald Spoto, ahora tenemos una especie de reedición (un remake) bajo otro nombre, autor y formato. En esencia es lo mismo. Está advertido el lector.

De paso, este autor mismo dice que la biografía de Spoto fue ridiculizada “por algunos de los colaboradores más fieles de Hitchcock por malicioso y fantasioso”. La ventaja que tiene este autor de ahora es que no quedan colaboradores de Hitchcock vivos o si lo están serán demasiado ancianos para ocuparse de ridiculizar a este sucesor de Spoto. Bueno, nosotros vamos a hacerlo. No porque conociéramos a Hitchcock, sino porque conocemos sus películas.

Escribir una biografía, ¿para qué? ¿Qué se propone quien lo hace?

De las vidas de los grandes hombres, los héroes y los santos, podemos sacar enseñanzas de vida, deseos de imitación, y una mayor admiración por la gracia de Dios que obra en nuestro barro.

De la vida de los malvados, podemos entender cómo obra el diablo, y de qué modo esas personalidades han marcado la historia. De cómo las ideas erradas pueden desviar a un hombre del buen camino.

De las vidas de los grandes artistas, que en general no son ejemplares ni imitables, podemos sacar un mayor entendimiento acerca de la obra que llevaron a cabo y legaron al mundo. Y de allí también una mayor valoración y admiración por esa obra.

Por lo tanto, en este último caso, sin una admiración y deseo de mayor comprensión de la obra del artista, la biografía en sí carece de interés, y sólo se trata de un amasijo de anécdotas de chismosos, de destape de miserias físicas escudriñadas con placer morboso, de defectos espulgados con afán psicoanalítico, y de hasta teorías peregrinas que cuestionarían todo lo que hasta ahora se sabía del personaje-víctima en cuestión.

REVISITANDO LA PASIÓN DE CRISTO DE MEL GIBSON

 



Por JOSEPH PEARCE

27 de marzo de 2021

Han pasado diecisiete años desde el estreno de La Pasión de Cristo de Mel Gibson, y ha pasado casi el mismo tiempo desde la última vez que la vi. Hubo un período de varios años después de su lanzamiento en que mi esposa y yo nos propusimos verla durante la Semana Santa. Esto llegó a su fin después de que nuestra hija tuvo la edad suficiente para verse afectada por lo que veía en la pantalla, siendo la violencia espantosa de la presentación de la Pasión por parte del Sr. Gibson inadecuada para ojos jóvenes. Durante años, por lo tanto, nuestra copia del DVD acumuló polvo entre los muchos discos olvidados en un gabinete de la sala de juegos. Este año, habiendo cumplido recientemente nuestra hija los trece años, lo sacamos, lo desempolvamos y lo vimos juntos en familia.

Quedé asombrado nuevamente de lo buena que es. Es tan buena, de hecho, que resulta inadecuado verla simplemente como una película. Es mucho más. Transciende el género, desafiando sus limitaciones. Lo hace, paradójicamente, rompiendo todas las reglas. El diálogo, del cual hay muy poco, es parco, sucinto y va al grano. No hay verborrea superflua. No se pronuncia palabra alguna que no sea absolutamente necesaria, y cada palabra es transmitida con potencia precisa. Y, lo que es más, el diálogo escaso está en arameo o en latín, requiriendo el uso de subtítulos. Esta audaz decisión de dejar que la historia hable en lenguas arcaicas “muertas” es verdaderamente inspirada, añadiendo una profundidad y un poder paradójicos, lo numinoso sirviendo para ennoblecer lo luminoso, así como el latín ennoblece e ilumina la liturgia. Hacer que Cristo hablara en inglés de Hollywood habría vulgarizado y trivializado Sus palabras, de la misma manera en que la lengua vernácula vulgariza y trivializa las palabras de la consagración en la Misa. Además, los subtítulos añaden una sutileza a la experiencia del espectador de la obra, requiriendo una implicación visual con las palabras y no meramente un compromiso auditivo. Siendo el oído incluso más propenso a divagar que el ojo, este doble compromiso de los sentidos profundiza la inmersión del espectador en la acción, sirviendo el ojo lector para apoyar al oído que escucha.

El argumento, si la re-presentación de la Pasión de Cristo puede reducirse a tal análisis, sigue la narración evangélica, ayudada y secundada por la tradición, especialmente la tradición que se ha solidificado en la práctica devocional popular y piadosa de los Misterios Dolorosos del Rosario y del Vía Crucis. Tenemos la Agonía en el Huerto, la traición de Judas, la flagelación, la coronación de espinas, la toma de la cruz, las tres caídas bajo el peso de la Cruz, Simón de Cirene, el llanto de las mujeres de Jerusalén, el encuentro con Santa Verónica y el milagro del velo, el encuentro de Cristo con Su Madre en la vía dolorosa y, por supuesto, el drama espantoso del mismo Gólgota.

No hay alivio ligero en medio de la fealdad del pecado y la belleza de la respuesta de Cristo a él, pero sí hay un grado de respiro dramático de la intensidad dolorosa de la Pasión en los flashbacks a la vida de Cristo: la vida doméstica con Su Madre antes de Su ministerio público; Su enseñanza y predicación; y por último, pero indudablemente no menos importante, la Última Cena, la cual se representa como la prefiguración tipológica tanto de la Crucifixión como del sacrificio de la Misa.

En cuanto al elenco, es impecable. La interpretación de Jim Caviezel como Jesús es tan inspirada que eclipsa en su simplicidad y brillantez todas las demás presentaciones cinematográficas de Cristo. La Madre de Dios tiene una belleza intemporal y sin edad; María Magdalena tiene una belleza sensual que sugiere su pasado pecaminoso pero transfigurado por su amor al Señor y su espíritu penitente. Juan el Evangelista es una presencia poderosa en el silencio de su amor tanto por Cristo como por la Madre de Cristo. En contraste, la grotesca fealdad física de muchos de los personajes es un recurso para exponer su grotesca fealdad espiritual. La presencia demoníaca es andróginamente inquietante en el personaje de Satanás mismo, pero también en Herodes y en el narcisismo y decadencia satánicamente ensimismados de su corte.

Como corresponde a una obra de tan profunda ortodoxia, y La Pasión de Cristo de Mel Gibson es indudablemente tal obra, la oscuridad no prevalece. La sombra de la Caída que cae sobre el Gólgota no se muestra como la victoria final de la oscuridad sobre la luz, sino como el preludio de la victoria final de la Luz sobre la oscuridad. La catástrofe de la Crucifixión es seguida en La Pasión de Cristo del Sr. Gibson, como lo es en la verdadera Pasión de Cristo, por la eucatástrofe de la Resurrección, el súbito y gozoso giro en la historia del hombre que Dios mismo ejecuta.

Comencé estas reflexiones afirmando que era inadecuado describir la obra maestra de Mel Gibson como una película, insistiendo en que era mucho más que eso. Sería más exacto describirla como un icono viviente. Nos llama a la oración. Nos conduce a la contemplación que nos lleva a la presencia del mismo Cristo. Es un don más allá de las palabras, exponiendo la insuficiencia de mis torpes garabatos. Como dijo T. S. Eliot acerca de la Divina Comedia de Dante, no hay nada que hacer en presencia de tal belleza inefable excepto señalar y guardar silencio. Ya se ha dicho bastante porque no podría decirse nunca lo suficiente. No hay palabras iguales a la tarea. El resto es silencio. Silencio y alabanza. La alabanza silenciosa de la presencia más allá del silencio.

 

https://theimaginativeconservative.org/2021/03/revisiting-mel-gibson-passion-of-the-christ-joseph-pearce.html