“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).
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lunes, 3 de marzo de 2025

REDIMIDOS: PRESENTACIÓN DEL LIBRO

 


IN MEMORIAM: ANÍBAL D'ÁNGELO RODRÍGUEZ

 




A 10 años de su muerte

“Dichoso aquél que muere por su casa y su tierra. Dichoso aquel que muere para que siga indemne la vida de un niñito, la gloria de un país. Dichoso aquel que muere por la Cosa Perenne, por un Santo Sepulcro, Dulcinea, Beatriz” .

Charles Péguy

Por Antonio Caponnetto

 

El 21 de febrero de 2015 se nos murió Aníbal D’Ángelo Rodríguez. Una década ya, y sin un Tito Livio para narrarla.

Aníbal estuvo ligado activamente a Cabildo desde sus ya lejanísimos comienzos, hace cinco décadas, bajo la dirección del inolvidable Ricardo Curutchet; y no sería desproporcionado afirmar que acaso fuera mejor escribir que Cabildo estuvo ligado a él, en tanto nuestra revista procuró siempre la compañía de los mejores camaradas, maestros y amigos.

Hay muchos modos de recordarlo y de darle las gracias por su vida fecunda. Se nos permitirá elegir de esos modos, los cuatro que más nítidamente nos resultaron admirables.

Aníbal se desempeñaba como bibliotecario del legendario colegio Don Jaime. Era un puesto a su medida, para quien podría haber hecho suyas las palabras del ciego aquel que gritó sin reproches: “yo que me imaginaba el paraíso bajo la especie de una biblioteca”. En esa inmensa anaquelería escolar él resolvía todos los problemas humanos y divinos, visibles e invisibles. Desde el lápiz olvidado por un chiquillo hasta la bibliografía especializada que requería algún docente. Desde el crayón o la tiza para el ocupante olvidadizo de un pupitre, hasta los libros sapienciales que formaban los entendimientos.

Conocía a cada uno por su nombre (algo se ha dicho al respecto en el Evangelio); y todos lo conocían a él, casi universalmente apodado Papi. Cuando tuve que escribir un pequeño libro para uso interno de los chicos del Don Jaime –Venimos desde el ayer fue su título- Aníbal se convirtió en el personaje obligado que protagonizaba diálogos y tertulias. Tomó con benevolencia ese tránsito de la realidad a las letras. Y con la afabilidad de siempre siguió ejerciendo su mester diario. Incluso hubo una versión mexicana de este librillo, adaptada por la Profesora Sofía Villavicencio Márquez, y editada por la Universidad Autónoma de Guadalajara, en 1998.

Aníbal seguía allí de protagonista omnisciente, dibujado como un anciano sapiente y enojoso cada vez que correspondía. Cuando le mostré la “prueba” de su fama en la entrañable comunidad jalisciense sonrió con expresiva complacencia. La legítima travesura pedagógica había traspasado las fronteras.

Hubo en Aníbal un segundo oficio y era el de humorista. No era cómico, ni gracioso; tal vez ni siquiera divertido. Y al final de los años conoció momentos de depresión y de tristeza, como es humanamente comprensible.

En una de las cartas que de vez en vez supo mandarme, me habló de esa angustia que los psicólogos llaman existencial y que, él, sin rodeos, prefería llamar “cosas de viejo”. Pero tenía por naturaleza ingenio y gracia, y sabía tocar todas las cuerdas de la ironía, todos los matices del sarcasmo, todas las honduras de la broma. Por lo mismo que era circunspecto y formal, podía ser eutrapélico. Y entonces, las prosas y las glosas dangelianas alcanzaban genuinas cumbres de risa franca y contagiosa.

El lector regular de Cabildo puede dar testimonio de cuanto decimos. Y todavía hoy, los más antiguos, recordarán su participación en aquella chanza formidable que se pergeñó desde las páginas cabildeñas en los años setenta, cuando el genio de Luis María Bandieri decidió “probar” que Borges no existía. Recuerdo que Curutchet, Falcionelli y Aragón, entre otros, reían a dos carrillos ante los desopilantes argumentos sobre la inexistencia de Georgie. Bandieri ha sabido recordar no hace tanto este episodio, fruto de su pluma festiva, de su talento inmenso y de su erudición apabullante. Era un juego servido en bandeja para que “Papi” participara. Y lo hizo. Marcó un hito en la historia bien nutrida del humorismo nacionalista. No nos olvidemos tampoco de sus imitaciones al Sancho de Castellani, que en nada se diferenciaban del original. Yo intenté algo parecido, tanto a modo de tributo a Aníbal como al mismísimo cura loco. Nos hubiéramos reído un largo rato intercambiando esos plagios cantados. Eso creo.

Hubo un tercer Aníbal, que podríamos llamar el intelectual estudioso y combativo. Quizás y mejor, el apologeta, hablando un poco a la antigua usanza. Nos dejó varios libros notables y un sinfín de escritos, que han hecho un bien inmenso en ordenar, recopilar y editar sus descendientes. Sobre todo, gracias al inteligente fervor juvenil del padre Martín Villagrán. Dios le pague. Ojalá se puedan incluir en esos preciados volúmenes lo que se encuentre de su anunciado libro sobre el siglo XX; y unos cuentos que, ya cerca del final, me comentó que le mandaba a Gabriela Cura y a Hugo Esteva. No conozco ninguno, pero deduzco que –por lo que llegó a decirme-tenían a sus nietos más pequeños como destinatarios.

Aníbal poseía el hábito (en otra carta me lo dice), de levantarse una y otra vez del asiento en pos de alguno de sus infinitos libros, para consultar sobre lo que andaba elaborando. Cuando la artrosis le hizo doloroso ese ir y venir por los estantes, decidió escribir algo que no lo obligara a pasar continuamente de una postura a la otra. Entonces encontró como solución redactar cuentos. Para lo cual no necesitaba respaldo bibliográfico. Bendita artrosis que engendró un Aníbal cuentero. La mía, apenas si me suscita improperios. Por favor, si alguno de los mentados conserva esos relatos literarios de Aníbal, que sea tan amable de compartirlos.

Su capacidad de lectura era apabullante. Su facilidad para conocer el estado actual de la cuestión –cualquiera fuera ella- sorprendía hasta a los especialistas. Su modo grato de comunicar lo difícil, era proverbial entre sus dones. Todo esfuerzo le parecía poco para defender a Dios y a la Patria; a las glorias de la Iglesia y de la Civilización Cristiana. Ahora, con internet, cualquier cacatúa sueña con la pinta de Menéndez y Pelayo. Pero Aníbal estaba al corriente de todo lo édito, sin distinguir entre la tecla “enter” y la “control”, como corresponde a todo varón decente.

Jorge Bohdziewicz –entrañable amigo y maestro- Fundador del Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, le publicó un par de obras preñadas de lucidez en defensa del Nacionalismo, y desenmascarando a la vez a dos de sus torvos detractores: Fernando Devoto y Cristian Buchrucker. Vale la pena leerlas y estudiarlas a fondo. Es grande el provecho que se sigue. Máxime cuando no faltan hoy apatridistas –que así se llaman a sí mismos: ¡extraña honra!- que hacen del Nacionalismo su principal enemigo, ignorándolo todo acerca de él.

A veces diferíamos en algunos juicios prudenciales, lo que me llenaba de intranquilidad. Pero las diferencias eran insignificantes y él sabía dirimirlas con una caridad y un sentido práctico pocas veces visto. En carta del 15 de noviembre de 2006 –a propósito de una de esas distinciones- estampó algo que hoy suena a clarividente vaticinio: “Mi posición es "no hay enemigos a la derecha" con la PRIMERA y SUSTANCIAL (las mayúsculas son de Aníbal) aclaración de lo erróneo y equívoco de la palabra derecha y mi certeza de que la autodenominada derecha liberal no es derecha”. Podrían tomar debida nota los abanderados del neoderechismo mileista, cuya <batalla cultural>, al final se supo, no era más que un recurso de tahúres para tener una alcancía posmoderna cargada de criptomonedas.

Por último, hubo en Aníbal un militante nacionalista de la primerísima hora. De la hora de los pugilatos en las calles, de los testimonios viriles a plena luz del día, de los riesgos corridos con la exposición del propio pellejo en cada circunstancia crucial. Nacionalismo católico y argentino, nativo y propio de estas tierras nuestras. Pero jamás avergonzado por tener que defender a los nacionalistas de otras latitudes, ni a los grandes movimientos nacionales que batallaron en Europa, ni la verdad histórica conculcada por los aliados, ni a los grandes derrotados de Occidente tras la tragedia de 1945. Cuando las izquierdas le recordaban este pasado suyo para desprestigiarlo, él reconocía con honor su antigua y renovada militancia. Postura que incluso había abrevado en su propio entorno familiar. Aníbal era un bien criado y mejor aprendido. Cada vez que desde Página 12 lo acusaban de neonazi, él fingía una iracundia jocosa: “¿Cómo neo? Yo soy paleonazi en todo caso”. Era otra de sus ocurrencias.

Por eso al despedirlo, a la vera de su féretro, en su antigua casona bellavistense, con el telón de fondo de una legión de hijos y de nietos, de parientes y de amigos que se acercaban a acompañarlo, no pude evitar, junto al rezo silente, la musitación de aquella Marcha del Aliancista que lo acompañó desde los días de su lejana juventud:

 

Despierta camarada, que fresca de rocío

la voz de los clarines te llama a tu deber,

la media luz del alba ya alumbra los caminos

¡Despierta, camarada, llegó el amanecer!

 

Si en medio del combate cayeras, camarada,

con el azul y blanco tu cuerpo cubriré.

Besada por la luna de cerros y de pampas,

la tierra en que descanses florecerá en laurel

 

Has despertado, camarada. Y desde tu vigilia perenne nos aguardas. Dios nos haga merecedores de encarnar la consigna teresiana, permaneciendo firmes y sin dormir, pues no hay paz sobre la tierra. Entonces, en esa vigilia nos encontraremos de nuevo, ya sin las fatigas ni las pesadumbres de la marcha terrena.

              Camarada Aníbal D´Ángelo Rodríguez: ¡Presente!

 

miércoles, 12 de junio de 2024

DESAGRAVIO AL PADRE CASTELLANI

 


Por Flavio Mateos

 

“También había encontrado a cada momento, salpicado el lenguaje de mis interlocutores del sonzo, la macana o la pavada, vocablos despectivos de que es tan pródigo el argentino, como si hubiera querido rodear su recién nacida independencia de un cordón aislante de desdenes verbales…”

José María Pemán

 

“El orgullo sin humildad es petulancia”.

Enrique García Maiquez

 

“Hemos padecido a la plaga de los “sabelotodísimos”, que pintaba Castellani en El nuevo gobierno de Sancho”.

Antonio Caponnetto

 

 

Decía Miguel Ayuso, en un destacable libro sobre Chesterton como “caballero andante”, que el gran maestro inglés fue un combatiente que “no dejaba sin respuesta una afirmación falsa”. Nosotros, para seguir su ejemplo de temple caballeresco –y, si se nos permite, también ignaciano-, no queremos dejar pasar sin respuesta unas soeces palabras del “escritor, teórico del arte, y docente” Ángel Faretta.

Ya habíamos puesto, sobreabundantemente, los puntos sobre las íes sobre un personaje del mundillo intelectual la mar de presuntuoso y al que conocemos demasiado bien. No creíamos necesario volver a ocuparnos de su figura, pues ya en varios de nuestros libros y blogs contestamos gran parte de sus yerros, y no sólo eso, sino que hasta desnudamos su falta de honestidad intelectual (1). Esto es así y, aunque sea duro decirlo, hay que alertar –caballerescamente, pero con las armas en la mano- contra los pseudo-maestros.

Pero, ¿por qué volver entonces a ocuparnos de un asunto ya perimido? Porque resulta que un amigo desde la (para nosotros) lejana Buenos Aires, nos envió el enlace a un video, y la siguiente indicación, conteniendo una cita textual de Faretta:

Min. 42 aprox.: 'Como decía el Padre Castellani, que decía muchas pavadas pero en este caso tenía razón...".

https://www.youtube.com/live/5x3NP8kVyxg?si=ZINEV4C_M6oRIPCp

Nos asomamos al video en el lugar señalado, o un poquito antes, para tener además el contexto. La frase está dicha por Faretta con desdén (como resalta Pemán en el acápite el uso de tales vocablos), diríase que con agresividad, con “mala leche” (para decirlo en el lenguaje vulgar al que no le escapa AF), y en el marco de una entrevista donde el “mítico crítico de cine” la emprende de manera agresiva tanto contra el revisionismo histórico como contra el nacionalismo católico. 

No siendo Faretta un historiador ni estudioso de la historia, no sabemos a cuento de qué se le ha solicitado para que diserte acerca del 25 de mayo de 1810. Pero el “maestro”, con la audacia propia de un sofisticado Fidel Pintos (2), y siempre dispuesto a hablar de todo un poco, aceptó el convite.

El video es, como dijimos, una entrevista, en un canal “cultural”, realizada por dos jóvenes con los criollos nombres de Leyla Bechara y Sasha Pak, dedicados a la agenda cultural y política de la Argentina –así nos informan desde Youtube-, los cuales se exhiben con un aspecto muy moderno –el muchacho a lo sodomita, la chica bastante prostibularia- y, desde ya, como puede captarse en su canal apenas asomando a sus videos, perorando con sus ideas de vanguardia. Nada nuevo bajo el sol en la triste metrópoli porteña.

Convengamos que la presentación y el contexto ya de por sí no favorecen al pobre Faretta. Pero es ese el ambiente en que se mueve, y desde donde lanza sus invectivas supuestamente católicas, patrióticas, monárquicas y antiliberales.

Desde ya, vale aclararlo, uno puede disentir con el gran Padre Castellani, en tal o cual cosa, de hecho nosotros lo hacemos desde alguno de nuestros libros y lo dejamos puntualizado. Pero lo de Faretta ya no es simple disentimiento, sino desprecio, inquina, resentimiento, falta de respeto. Pero, ¿cuáles serían las pavadas –las muchas pavadas- que decía el Padre Castellani, según el sabio de Villa Urquiza? (3)

Faretta no explicita. Pero como sabemos bien lo que piensa, como que fuimos alumnos suyos, vamos a decirlo. Creemos que Faretta se irrita con Castellani por tres razones fundamentales, a saber: Castellani no era peronista ni le gustaba el tango –dos grandes debilidades farettianas-, y hay sobre todo un motivo de peso por el cual Faretta reacciona con mucha violencia, y critica de ese modo al Padre Castellani: es la viril y lúcida repulsa de Castellani hacia Teilhard de Chardin, que es el gurú –o uno de los guías anímico-espirituales-intelectuales- de Faretta.

Sí, el lector leyó bien: Teilhard de Chardin.

No hace falta decir que Teilhard fue un hereje de tomo y lomo, un personaje nefasto, un masón y, por sobre todas las cosas, un pensador delirante, al que ya nadie –salvo Faretta y ciertos modernistas infiltrados en la Iglesia de Roma- toma en cuenta hoy en día.

Del tema Teilhard hablamos bastante en nuestros blogs, por lo que no insistiremos. Es disparate defender hoy en día a tal personaje, a no ser que se tomen sus obras como relatos de ciencia ficción. Que ni así vale la pena leerlos, pues, como decía Castellani, “leerlo enferma”. (4)

Por si fuera poco, el Addison de Witt ítalo-porteño utiliza la frase de Castellani que, entre tanta pavada que decía, habría resultado lúcida, para atacar a los revisionistas y nacionalistas, que según él –Faretta- fueron unos derrotistas. Dejando a salvo a Ernesto Palacio y a Jauretche (que no fue precisamente de la escuela revisionista ni nacionalista, o en todo caso fue un revisionista peronista, lo cual es de por sí contradictorio: Perón fue contra el revisionismo histórico), y a nadie más que recuerde, señala que Irazusta y los otros eran “unos chamuyeros” porque “pensaban que Juan Manuel de Rosas iba a volver por una situación mediúmnica” (5). No contento con eso, dictamina que los revisionistas no fueron “ni útiles ni hábiles”, y acusa con acritud que “gran parte de nuestro nacionalismo eran unos cobardes”, “cómodos y calienta sillas” que “seguían hablando de algo que tenía que volver cuando en realidad lo que tenían que pensar es cómo seguir adelante” (6). Supuestamente aquellos hombres se encerraron en un particularismo nacionalista provinciano (“un nacionalismo de mapa”, según Faretta) en vez de abrirse al universalismo que habría encarnado el peronismo, al que los nacionalistas “no entendían lo que era” y al que se habrían opuesto principalmente porque Perón hizo un contrato con la petrolera California de los EE.UU.

Hagamos un inciso. ¿Faretta no entendió lo que fue el peronismo, o es un –siguiendo su argumento antinacionalista- cobarde que no se anima a decir lo que en verdad fue? Porque está claro que fueron dos los factores decisivos entonces, para que el nacionalismo católico se opusiese a Perón y combatiera hasta verlo fuera del poder: la cuestión de la entrega petrolera y la persecución anticatólica de Perón (cuyo gobierno estaba infestado de masones). Eso es algo que Faretta –quien se presenta como católico- nunca menciona. Respecto del contrato con la petrolera yanqui, que según el teórico del cine fue solamente un acto pragmático porque nosotros no teníamos industria, veamos lo que enseña no un sanatero, sino un historiador en serio, como Enrique Díaz Araujo:

“En cuanto al convenio con la compañía California Argentina, filial de la Standard Oil, de los Rockefeller, lo menos que hay que decir es que la concesión de 50.000 km2, por cuarenta años, eximidos de impuestos, con extraterritorialidad judicial, con derecho a exportar el petróleo y las ganancias obtenidas libremente, en Santa Cruz, y los 30.000 km2 concedidos a la misma empresa en Neuquén, bajo las mismas condiciones, aparte de proporcionar el crudo más caro del mercado internacional, estaban en contradicción flagrante con el art. 40 de la Constitución Justicialista de 1949. Como un detalle, un tanto erudito pero quizá conveniente, hay que saber que dicho artículo, redactado por Arturo Enrique Sampay, había contado con el apoyo del presidente de aquella Convención Reformadora, Cnl. Domingo Mercante, pero con la oposición de J. D. Perón. Ver: Potash, Robert A., El Ejército y la política en la Argentina 1945-1962. De Perón a Frondizi, Bs. As. Sudamericana, 1981; Gómez Morales, Alfredo, Hay que capitalizar a la Argentina, Bs. As. 1984; González Arzac, Alberto, Vida, pasión y muerte del artículo 40, Bs. As., 1969”. (7)

 Desde ya que el “mítico crítico de cine” no sólo no conoce bien la historia, sino que usa lo poco que conoce para tergiversar el pensamiento de los nacionalistas y los hechos de la misma historia. O al menos para no decir lo que debe decirse. Puesto que, en primer lugar, lejos de ser cobardes o derrotistas, los historiadores del revisionismo histórico cumplieron un papel fundamental al escribir la historia verdadera, yendo de frente contra la leyenda liberal que era la única versión histórica hasta entonces permitida e impuesta a toda la sociedad. Ya muy bien lo decía Cervantes en el Quijote: “El poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna” (II, c. III). En ese sentido, estaban abriendo lúcida y corajudamente un camino para, a partir de la verdadera historia, poder caminar hacia el futuro.