Ab. Constant, alias Eliphas Levi.
por CHRISTIAN LAGRAVE
Le Sel de la terre n.º 50
Otoño de 2004, pp. 125-146.
Este estudio se inscribe dentro de una perspectiva
histórica como la expuesta por Jean-Claude Lozac’hmeur en sus dos obras
fundamentales. La primera demuestra que la masonería es la forma moderna
adoptada por una religión dualista muy antigua, la cual opone a un dios
pretendidamente tiránico (el Dios de la Biblia) un dios supuestamente emancipador
y amigo de los hombres, simbolizado por la serpiente [1]; la segunda explica
cómo los adeptos de este culto ejercen, desde el Renacimiento, a través de
organizaciones multiformes y más o menos secretas, una acción continua y
profunda cuyo fin es el establecimiento de un Estado totalitario universal bajo
la forma de una teocracia colectivista [2].
El éxito de su plan supone que se realicen
simultáneamente, por una parte, la disolución de las naciones en provecho de un
gobierno mundial, y por otra, la fusión de todas las religiones en una sola,
bajo una autoridad espiritual única cuyo carácter luciferino —primero oculto
bajo el velo de los símbolos— debe revelarse poco a poco para culminar en el
culto público y casi universal del demonio. Este será el reino efímero del
Anticristo. Estas dos maniobras de unificación de las naciones y de las
religiones están en curso; incluso se hallan bastante avanzadas: la primera es
el mundialismo, la segunda el ecumenismo.
Intentaremos mostrar que, en buena parte, el movimiento
ecuménico contemporáneo ha sido inspirado por las tesis del esotero-ocultismo,
vehiculadas por el “cristianismo romántico”, que fue a su vez fruto del
ocultismo del siglo XVIII (como lo demostró la obra clásica de Auguste Viatte, Les
Sources occultes du Romantisme); este seudo-cristianismo inspiró el
esoterismo de fines del siglo XIX, el cual influyó profundamente en dos de los
padres espirituales del Concilio Vaticano II: Marc Sangnier y Teilhard de
Chardin.
Nos detendremos particularmente en un personaje
clave, que constituye de algún modo el vínculo entre el cristianismo romántico
—en el que transcurrió su juventud— y el esoterismo de fin de siglo, al que
contribuyó ampliamente a suscitar: el diácono apóstata Alphonse-Louis Constant,
conocido como Éliphas Lévi.
El
esotero-ocultismo
Los términos
“esoterismo” y “ocultismo”
Según Jean-Pierre Laurant [3], el sustantivo
“esoterismo” apareció en 1828, bajo la pluma del historiador de la gnosis
Jacques Matter (1791-1864), en su Histoire critique du gnosticisme. Pero
el adjetivo “esotérico” había sido utilizado ya en 1742 por un masón,
Louis-François de La Tierce, caballero protestante francés, establecido en
Inglaterra y luego en Alemania, y autor de Histoire, Obligations et Statuts
de la Très Vénérable Confraternité des Francs-Maçons, Fráncfort, 1742; en
esta obra, “oponía dos clases de doctrinas: la exotérica, de la cual se podía
hablar en público, y la esotérica, reservada al secreto de las logias [4]”. Los
masones hicieron rápidamente un gran uso de este neologismo:
El fundador del rito de Memphis, Jacques-Étienne
Marconis de Nègre (1795-1868), presentó en L’Hiérophante, développements
complets des mystères maçonniques (1839) al conjunto de la masonería como
un esoterismo heredero directo de los misterios pitagóricos. Una concepción
semejante puede verse en el clásico de F. T. Bègue-Clavel, Histoire
pittoresque de la franc-maçonnerie, París, Pagnerre, 1843, al comienzo del
cap. I [5].
En cuanto al ocultismo, si la noción probablemente
proviene del De occulta philosophia, enciclopedia de magia publicada en
1533 en Alemania por el médico y cabalista Henricus Cornelius Agrippa
(1486-1535), el término parece haber aparecido hacia comienzos de la monarquía
de Julio, pues figura en 1842 en el Dictionnaire des mots nouveaux de
Richard de Radonvilliers; sería adoptado y difundido en 1856 por Alphonse-Louis
Constant en su obra Dogme et rituel de la haute magie, firmada con el
seudónimo de Éliphas Lévi.
La historia de estos dos términos aparece, pues,
íntimamente ligada a la gnosis, a la masonería y a la magia. Pero ¿qué
realidades designan?
El
esoterismo
El esoterismo pretende fundarse en la existencia de
una “Tradición primordial” que habría sido dada a los hombres desde los
orígenes bajo una forma velada, de modo que sólo una élite pudiera acceder a
ella. El esoterismo propone dar acceso a esas verdades ocultas por medio de una
revelación, una “iniciación”, que es como un “despertar”, un segundo
nacimiento. El conocimiento que procura es iluminativo e intuitivo; esta
iluminación gnóstica por medio del conocimiento produce una especie de éxtasis
que imita al de los místicos cristianos. Como lo expresa muy bien el Padre
Barbier, el esoterismo postula la existencia de una tradición secreta, la
conservación de una enseñanza reservada únicamente a los iniciados, la cual se
habría perpetuado desde la antigüedad a través de los siglos; que el mismo
Jesucristo la habría recibido y comunicado a algunos de sus discípulos para que
fuera guardada con igual cuidado en el seno del cristianismo, y que,
desfigurada o traicionada por la Iglesia, habría sido fielmente conservada por
las sectas ocultas, cuya cadena ininterrumpida se remontaría a los orígenes
mismos del cristianismo.