“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).
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miércoles, 26 de noviembre de 2025

LOS “SUPERIORES INCOGNITOS”: DE BÄR DOV (†1772) A RENÉ GUÉNON (†1951)

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

22 agosto 2020

 

Prólogo

Solo con pronunciar la fórmula mágica “Superiores Incognitos” se piensa enseguida en el sufí/esoterista René Guénon (1886-1951), pero en realidad esta fórmula “mágica” no es creación suya (como gran parte de “su” doctrina, que le era susurrada al oído por los cabalistas,[1] casi siempre ocultos detrás de todo esoterista[2]).

En realidad esta doctrina era harina (que “se vuelve salvado”, como la “harina del diablo”) del saco —mucho más profundo y casi sin fondo, que “se pierde en la noche de los tiempos”— del rabino (ça va sans dire) cabalista Bär Dov (que no debe confundirse con “Bar-Abba”) de Mesritisch (1710-1772), el sucesor de Israel Ba‘al Shem Tov (1700-1760), quien fue el fundador del Jasidismo de los Lubavitch o Chabad.

 

Rabbi Bär Dov y los “36 Superiores Incognitos”

En efecto, Rabbi Bär Dov enseñaba que el Tzaddik (en hebreo “Justo, Santo, Perfecto”), en el Jasidismo, representaba la verdadera y auténtica guía espiritual de los jasidim y el intermediario o mediador entre la Divinidad y los judíos, especialmente los jasídicos (cf. Lea Sestrieri, La espiritualità ebraica, Roma, Studium, 1987).

Rabbi Bär Dov tomó el concepto de Tzaddik de la Cábala y, en particular, del Zohar, según el cual —junto con el Talmud de Babilonia (bSanhedrín 97a/b; bSukkot 45b)—:

«En la Jerusalén celestial, donde reside el Templo perpetuo, que volverá a descender sobre la Jerusalén terrestre con la venida del Mesías, se encuentra un altar donde el Arcángel Miguel realiza los sacrificios y, sobre todo, ofrece a Dios las almas de los “Tzaddikim Incognitos”, las cuales son el “alimento de la Divinidad” (no hay que maravillarse si los rabinos cabalístico-talmudistas han llegado incluso al deicidio… por “envenenamiento”…).

Según el Jasidismo, cada generación humana, además de los “Tzaddikim conocidos o cognitos”, posee al menos “36 Tzaddikim Incognitos”,[3] llamados en hebreo Lamed-Vav Tsaddiqim o Lamed Wawniqim, que, sin ser vistos por nadie [“una mano oculta dirige todo…”, nota del autor], cumplen su obra de mediación entre los jasidim y la Divinidad, gracias a la cual el mundo continúa existiendo».

miércoles, 22 de octubre de 2025

EL OCULTISMO, AGENTE PRECURSOR DEL ECUMENISMO: DEL DIÁCONO CONSTANT A TEILHARD DE CHARDIN

 

Ab. Constant, alias Eliphas Levi.


por CHRISTIAN LAGRAVE


Le Sel de la terre n.º 50

Otoño de 2004, pp. 125-146.

 

Este estudio se inscribe dentro de una perspectiva histórica como la expuesta por Jean-Claude Lozac’hmeur en sus dos obras fundamentales. La primera demuestra que la masonería es la forma moderna adoptada por una religión dualista muy antigua, la cual opone a un dios pretendidamente tiránico (el Dios de la Biblia) un dios supuestamente emancipador y amigo de los hombres, simbolizado por la serpiente [1]; la segunda explica cómo los adeptos de este culto ejercen, desde el Renacimiento, a través de organizaciones multiformes y más o menos secretas, una acción continua y profunda cuyo fin es el establecimiento de un Estado totalitario universal bajo la forma de una teocracia colectivista [2].

El éxito de su plan supone que se realicen simultáneamente, por una parte, la disolución de las naciones en provecho de un gobierno mundial, y por otra, la fusión de todas las religiones en una sola, bajo una autoridad espiritual única cuyo carácter luciferino —primero oculto bajo el velo de los símbolos— debe revelarse poco a poco para culminar en el culto público y casi universal del demonio. Este será el reino efímero del Anticristo. Estas dos maniobras de unificación de las naciones y de las religiones están en curso; incluso se hallan bastante avanzadas: la primera es el mundialismo, la segunda el ecumenismo.

Intentaremos mostrar que, en buena parte, el movimiento ecuménico contemporáneo ha sido inspirado por las tesis del esotero-ocultismo, vehiculadas por el “cristianismo romántico”, que fue a su vez fruto del ocultismo del siglo XVIII (como lo demostró la obra clásica de Auguste Viatte, Les Sources occultes du Romantisme); este seudo-cristianismo inspiró el esoterismo de fines del siglo XIX, el cual influyó profundamente en dos de los padres espirituales del Concilio Vaticano II: Marc Sangnier y Teilhard de Chardin.

Nos detendremos particularmente en un personaje clave, que constituye de algún modo el vínculo entre el cristianismo romántico —en el que transcurrió su juventud— y el esoterismo de fin de siglo, al que contribuyó ampliamente a suscitar: el diácono apóstata Alphonse-Louis Constant, conocido como Éliphas Lévi.

 

El esotero-ocultismo

 

Los términos “esoterismo” y “ocultismo”

Según Jean-Pierre Laurant [3], el sustantivo “esoterismo” apareció en 1828, bajo la pluma del historiador de la gnosis Jacques Matter (1791-1864), en su Histoire critique du gnosticisme. Pero el adjetivo “esotérico” había sido utilizado ya en 1742 por un masón, Louis-François de La Tierce, caballero protestante francés, establecido en Inglaterra y luego en Alemania, y autor de Histoire, Obligations et Statuts de la Très Vénérable Confraternité des Francs-Maçons, Fráncfort, 1742; en esta obra, “oponía dos clases de doctrinas: la exotérica, de la cual se podía hablar en público, y la esotérica, reservada al secreto de las logias [4]”. Los masones hicieron rápidamente un gran uso de este neologismo:

El fundador del rito de Memphis, Jacques-Étienne Marconis de Nègre (1795-1868), presentó en L’Hiérophante, développements complets des mystères maçonniques (1839) al conjunto de la masonería como un esoterismo heredero directo de los misterios pitagóricos. Una concepción semejante puede verse en el clásico de F. T. Bègue-Clavel, Histoire pittoresque de la franc-maçonnerie, París, Pagnerre, 1843, al comienzo del cap. I [5].

En cuanto al ocultismo, si la noción probablemente proviene del De occulta philosophia, enciclopedia de magia publicada en 1533 en Alemania por el médico y cabalista Henricus Cornelius Agrippa (1486-1535), el término parece haber aparecido hacia comienzos de la monarquía de Julio, pues figura en 1842 en el Dictionnaire des mots nouveaux de Richard de Radonvilliers; sería adoptado y difundido en 1856 por Alphonse-Louis Constant en su obra Dogme et rituel de la haute magie, firmada con el seudónimo de Éliphas Lévi.

La historia de estos dos términos aparece, pues, íntimamente ligada a la gnosis, a la masonería y a la magia. Pero ¿qué realidades designan?

El esoterismo

El esoterismo pretende fundarse en la existencia de una “Tradición primordial” que habría sido dada a los hombres desde los orígenes bajo una forma velada, de modo que sólo una élite pudiera acceder a ella. El esoterismo propone dar acceso a esas verdades ocultas por medio de una revelación, una “iniciación”, que es como un “despertar”, un segundo nacimiento. El conocimiento que procura es iluminativo e intuitivo; esta iluminación gnóstica por medio del conocimiento produce una especie de éxtasis que imita al de los místicos cristianos. Como lo expresa muy bien el Padre Barbier, el esoterismo postula la existencia de una tradición secreta, la conservación de una enseñanza reservada únicamente a los iniciados, la cual se habría perpetuado desde la antigüedad a través de los siglos; que el mismo Jesucristo la habría recibido y comunicado a algunos de sus discípulos para que fuera guardada con igual cuidado en el seno del cristianismo, y que, desfigurada o traicionada por la Iglesia, habría sido fielmente conservada por las sectas ocultas, cuya cadena ininterrumpida se remontaría a los orígenes mismos del cristianismo.

viernes, 17 de octubre de 2025

LA ÚLTIMA PÁGINA: UNA PELIGROSA CONFUSIÓN

 



Por P. Flavio Mateos

 

Programa de “La última página 305: Francisco García Bazán y la importancia de su obra” [1]. Hacia el minuto 17 aproximadamente, los conductores Diego Ortega y Sebastián Porrini, parecen acusar recibo y se defienden, ante lo que parecería ser una imputación abusiva o injusta hacia ellos de varias personas (incluso de quien esto escribe, según parece). Tal vez sintiéndose incomprendidos (¿!), afirman que se los acusa de “gnósticos”. Tratan entonces de despegarse de tal etiqueta, y hasta Ortega afirma que él elige la que considera “la tradición verdadera, cristiana, católica”, pero aclarando que ésta tiene una gran cantidad de relaciones con las semillas de verdad de otras tradiciones (nos recuerda esto a las famosas “semillas del Verbo”, véase artículo sobre eso en nuestro blog). Luego, aclaran que “García Bazan y otros siguen una línea que no es blanco y negro” y que no es necesario dividir entre “evolianos y guenonianos”. Por supuesto que esa última discusión no nos interesa lo más mínimo: tanto guenonianos como evolianos están en el error.

De inmediato lamentan que también se los acusó por su programa sobre la masonería y se evaden enseguida (más rápido que el famoso Houdini) como si fuera un tema sin ninguna importancia. Y luego salen con el típico latiguillo que suelen repetir los gnósticos y es que “no hay que confundir lo gnóstico con el concepto de gnosis” (al respecto también puede leerse el esclarecedor texto de Alain Pascal en este mismo blog).

Vamos a ir punto por punto. No sabemos qué han dicho otros visitantes del canal de Youtube de “La última página” [2]. Nosotros nos ocupamos de este tema en nuestro libro “Castellani y Lefebvre” y en algún artículo de este blog. Lo que escribimos no es exactamente que Porrini y Ortega “son gnósticos”, sino lo siguiente:

“Allí aparecen como invitados dos exponentes caracterizados del gnosticismo a la criolla: Sebastián Porrini y Diego Ortega”. [3]

Según el Diccionario RAE, “exponente” es el que expone. Como segunda acepción significa prototipo (modelo más representativo de algo). Caracterizado, por otra parte, se define como “distinguido, determinado, característico, acreditado”.

Que ambos profesores dedican mucho espacio a exponer a autores gnósticos, es claro. Que demuestran además simpatía y respeto hacia esos autores y su pensamiento, también. Que se basan en autores gnósticos para fundamentarse, lo mismo (véase La última página 142, por ejemplo). Que no dedican programas a hacer la crítica aguda y certera que esos autores se merecen, también lo es. Por lo tanto, si como dice Ortega él elige la que considera verdadera tradición, la tradición católica, pero expone las ideas y el pensamiento de quienes se oponen a esa tradición católica, ¿dónde está su famosa búsqueda de la verdad? Porque la verdad obliga a juzgar y a definirse, una vez que se la ha encontrado. La verdad y el error no pueden ser compatibles. A no ser que todo sea verdad. De allí que digamos que esta es una peligrosa confusión que confunde a los que no están atentos, o no se esfuerzan por conocer la verdad. En lenguaje de la calle se le diría sanata.

La confusión ya puede verse en las imágenes o retratos que exhiben en su biblioteca: Jesucristo o el Arcángel San Miguel junto a personajes deplorables como los comunistas Frida Kahlo y José Saramago [4], o el gnóstico Pessoa (ver artículo sobre el mismo en este blog).

TRADICIÓN CATÓLICA Y TRADICIÓN GNÓSTICA

 



Le Sel de la terre n° 30, Automne 1999.

p. 224-227

 

La gnosis es la «sabiduría» de la francmasonería y de las otras sociedades secretas que están instaurando el Nuevo Orden Mundial. No es, pues, de extrañar ver este pensamiento penetrar en todos los ambientes e intentar incluso penetrar en los ambientes católicos de Tradición.

Queriendo poner en guardia a nuestros lectores contra este peligro, les señalaremos aquí los intentos de penetración que notamos, así como las advertencias y las resistencias de nuestros amigos.

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Una Voce, boletín romano de la asociación para la defensa de la fe, del latín y del canto gregoriano, publica en su número 5 de septiembre-octubre de 1998 nada menos que un texto de René Guénon (página 17). Texto breve, sin duda, pero sin ninguna advertencia. Se trata de un extracto tomado de la revista Regnabit, revista católica consagrada al Sagrado Corazón, en la cual Guénon colaboró algún tiempo cuando intentó penetrar en los ambientes católicos.

Lucien Méroz, redactor de la revista Una Voce, conoce, sin embargo, bien a René Guénon, a quien ha dedicado un libro publicado en Plon.
Hace algún tiempo Lucien Méroz organizó en Ginebra una conferencia de Jean Borella. Borella ha modificado un poco su pensamiento y ahora critica ciertas posiciones de Guénon. Pero eso no significa que haya abandonado la gnosis. No porque un autor gnóstico critique a otro (lo cual es bastante frecuente en ese medio donde no reina la caridad de Nuestro Señor; basta leer las obras de Guénon mismo para ver que se peleaba con mucha gente) puede asegurarse que ya no es gnóstico.

Se ve que una persona se ha convertido realmente cuando denuncia la gnosis misma, teniendo conciencia de su carácter satánico y anticristiano. Pues bien, he aquí lo que escribía Borella aún en 1996: «Existen algunas escuelas de pensamiento que pueden llamarse “tradicionalistas”, en particular en ciertas ramas de la FM, tales como la GLNF, sin hablar de los diversos grupos de católicos que permanecen fieles al ritus antiquus de la misa y al latín [1].» Sin comentario.

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Lectures Françaises (86190 Chiré-en-Montreuil) nos ha hecho el honor de citarnos en su nº 500. Esta revista recoge las «Breves informaciones» que habíamos dado en nuestro nº 26 sobre la infiltración de las ideas paganas y gnósticas en los ambientes de la Tradición. Y concluye deseando una «clarificación neta» sobre estas cuestiones.

Esta breve nota no ha gustado al Libre Journal, que protesta en su nº 166 del 11 de noviembre de 1998 contra «una amalgama arriesgada por los buenos padres de Avrillé a propósito del voto católico, de las canciones del doctor Merlin, de la publicación de una revista FN consagrada a Julius Evola y de una colaboración de Arnault Guyot-Jeanin y Christophe Levallois al Libre Journal hace nueve meses». Y concluye: «¿Necesitaría nuestra familia un tema suplementario de querella y de división?»

Es verosímil que el Libre Journal se haya contentado con leer Lectures Françaises y no haya ido a leer Le Sel de la terre, pues habría visto que no hemos hablado del voto católico, y que lo que el Libre Journal llama una «amalgama» es en realidad un intento hecho por algunos de conciliar lo inconciliable: el paganismo y el cristianismo, la gnosis y la fe.

En cuanto a la división, está claro que es necesaria. No debemos tener nada en común con un doctor Merlin violentamente anticristiano, ni con un Julius Evola o un René Guénon [2]. Y mientras el Libre Journal no haya roto con esa gente, le haremos una justa querella.