“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).

viernes, 17 de octubre de 2025

LA ÚLTIMA PÁGINA: UNA PELIGROSA CONFUSIÓN

 



Por P. Flavio Mateos

 

Programa de “La última página 305: Francisco García Bazán y la importancia de su obra” [1]. Hacia el minuto 17 aproximadamente, los conductores Diego Ortega y Sebastián Porrini, parecen acusar recibo y se defienden, ante lo que parecería ser una imputación abusiva o injusta hacia ellos de varias personas (incluso de quien esto escribe, según parece). Tal vez sintiéndose incomprendidos (¿!), afirman que se los acusa de “gnósticos”. Tratan entonces de despegarse de tal etiqueta, y hasta Ortega afirma que él elige la que considera “la tradición verdadera, cristiana, católica”, pero aclarando que ésta tiene una gran cantidad de relaciones con las semillas de verdad de otras tradiciones (nos recuerda esto a las famosas “semillas del Verbo”, véase artículo sobre eso en nuestro blog). Luego, aclaran que “García Bazan y otros siguen una línea que no es blanco y negro” y que no es necesario dividir entre “evolianos y guenonianos”. Por supuesto que esa última discusión no nos interesa lo más mínimo: tanto guenonianos como evolianos están en el error.

De inmediato lamentan que también se los acusó por su programa sobre la masonería y se evaden enseguida (más rápido que el famoso Houdini) como si fuera un tema sin ninguna importancia. Y luego salen con el típico latiguillo que suelen repetir los gnósticos y es que “no hay que confundir lo gnóstico con el concepto de gnosis” (al respecto también puede leerse el esclarecedor texto de Alain Pascal en este mismo blog).

Vamos a ir punto por punto. No sabemos qué han dicho otros visitantes del canal de Youtube de “La última página” [2]. Nosotros nos ocupamos de este tema en nuestro libro “Castellani y Lefebvre” y en algún artículo de este blog. Lo que escribimos no es exactamente que Porrini y Ortega “son gnósticos”, sino lo siguiente:

“Allí aparecen como invitados dos exponentes caracterizados del gnosticismo a la criolla: Sebastián Porrini y Diego Ortega”. [3]

Según el Diccionario RAE, “exponente” es el que expone. Como segunda acepción significa prototipo (modelo más representativo de algo). Caracterizado, por otra parte, se define como “distinguido, determinado, característico, acreditado”.

Que ambos profesores dedican mucho espacio a exponer a autores gnósticos, es claro. Que demuestran además simpatía y respeto hacia esos autores y su pensamiento, también. Que se basan en autores gnósticos para fundamentarse, lo mismo (véase La última página 142, por ejemplo). Que no dedican programas a hacer la crítica aguda y certera que esos autores se merecen, también lo es. Por lo tanto, si como dice Ortega él elige la que considera verdadera tradición, la tradición católica, pero expone las ideas y el pensamiento de quienes se oponen a esa tradición católica, ¿dónde está su famosa búsqueda de la verdad? Porque la verdad obliga a juzgar y a definirse, una vez que se la ha encontrado. La verdad y el error no pueden ser compatibles. A no ser que todo sea verdad. De allí que digamos que esta es una peligrosa confusión que confunde a los que no están atentos, o no se esfuerzan por conocer la verdad. En lenguaje de la calle se le diría sanata.

La confusión ya puede verse en las imágenes o retratos que exhiben en su biblioteca: Jesucristo o el Arcángel San Miguel junto a personajes deplorables como los comunistas Frida Kahlo y José Saramago [4], o el gnóstico Pessoa (ver artículo sobre el mismo en este blog).

TRADICIÓN CATÓLICA Y TRADICIÓN GNÓSTICA

 



Le Sel de la terre n° 30, Automne 1999.

p. 224-227

 

La gnosis es la «sabiduría» de la francmasonería y de las otras sociedades secretas que están instaurando el Nuevo Orden Mundial. No es, pues, de extrañar ver este pensamiento penetrar en todos los ambientes e intentar incluso penetrar en los ambientes católicos de Tradición.

Queriendo poner en guardia a nuestros lectores contra este peligro, les señalaremos aquí los intentos de penetración que notamos, así como las advertencias y las resistencias de nuestros amigos.

·          

Una Voce, boletín romano de la asociación para la defensa de la fe, del latín y del canto gregoriano, publica en su número 5 de septiembre-octubre de 1998 nada menos que un texto de René Guénon (página 17). Texto breve, sin duda, pero sin ninguna advertencia. Se trata de un extracto tomado de la revista Regnabit, revista católica consagrada al Sagrado Corazón, en la cual Guénon colaboró algún tiempo cuando intentó penetrar en los ambientes católicos.

Lucien Méroz, redactor de la revista Una Voce, conoce, sin embargo, bien a René Guénon, a quien ha dedicado un libro publicado en Plon.
Hace algún tiempo Lucien Méroz organizó en Ginebra una conferencia de Jean Borella. Borella ha modificado un poco su pensamiento y ahora critica ciertas posiciones de Guénon. Pero eso no significa que haya abandonado la gnosis. No porque un autor gnóstico critique a otro (lo cual es bastante frecuente en ese medio donde no reina la caridad de Nuestro Señor; basta leer las obras de Guénon mismo para ver que se peleaba con mucha gente) puede asegurarse que ya no es gnóstico.

Se ve que una persona se ha convertido realmente cuando denuncia la gnosis misma, teniendo conciencia de su carácter satánico y anticristiano. Pues bien, he aquí lo que escribía Borella aún en 1996: «Existen algunas escuelas de pensamiento que pueden llamarse “tradicionalistas”, en particular en ciertas ramas de la FM, tales como la GLNF, sin hablar de los diversos grupos de católicos que permanecen fieles al ritus antiquus de la misa y al latín [1].» Sin comentario.

·          

Lectures Françaises (86190 Chiré-en-Montreuil) nos ha hecho el honor de citarnos en su nº 500. Esta revista recoge las «Breves informaciones» que habíamos dado en nuestro nº 26 sobre la infiltración de las ideas paganas y gnósticas en los ambientes de la Tradición. Y concluye deseando una «clarificación neta» sobre estas cuestiones.

Esta breve nota no ha gustado al Libre Journal, que protesta en su nº 166 del 11 de noviembre de 1998 contra «una amalgama arriesgada por los buenos padres de Avrillé a propósito del voto católico, de las canciones del doctor Merlin, de la publicación de una revista FN consagrada a Julius Evola y de una colaboración de Arnault Guyot-Jeanin y Christophe Levallois al Libre Journal hace nueve meses». Y concluye: «¿Necesitaría nuestra familia un tema suplementario de querella y de división?»

Es verosímil que el Libre Journal se haya contentado con leer Lectures Françaises y no haya ido a leer Le Sel de la terre, pues habría visto que no hemos hablado del voto católico, y que lo que el Libre Journal llama una «amalgama» es en realidad un intento hecho por algunos de conciliar lo inconciliable: el paganismo y el cristianismo, la gnosis y la fe.

En cuanto a la división, está claro que es necesaria. No debemos tener nada en común con un doctor Merlin violentamente anticristiano, ni con un Julius Evola o un René Guénon [2]. Y mientras el Libre Journal no haya roto con esa gente, le haremos una justa querella.

 

LAS “SEMILLAS DEL VERBO”

 


Editorial Le Sel de la terre N° 38, Otoño 2001.

 

En su primera encíclica, Redemptor hominis, el papa Juan Pablo II se expresaba así:

Con razón, los Padres de la Iglesia veían en las diversas religiones como otros tantos reflejos de una única verdad, como “semillas del Verbo” [1] que testimonian que la aspiración más profunda del espíritu humano está orientada, a pesar de la diversidad de caminos, hacia una dirección única, expresándose en la búsqueda de Dios y, al mismo tiempo, por medio de la tensión hacia Dios, en la búsqueda de la dimensión total de la humanidad, es decir, del sentido pleno de la vida humana [2].

Esta frase es un intento de justificar el diálogo interreligioso: unas “semillas del Verbo” estarían contenidas en las diversas religiones, y las convertirían en “reflejos de una única verdad”.

El papa pretende apoyarse en los Padres de la Iglesia. Y, en nota, se refiere a san Justino y a Clemente de Alejandría.

En realidad, Clemente no es un Padre de la Iglesia en sentido estricto. Para serlo, se requiere, entre otras cosas, la ortodoxia de la doctrina y la santidad de vida [3]. Ahora bien, nos dice el padre Cayré:

[La obra de Clemente] no está, sin embargo, exenta de todo reproche: a) su mística era un poco idealista; en los últimos Stromatas, hizo a veces descripciones hiperbólicas del estado de los perfectos (ausencia de pasiones, contemplación perpetua); insistió más de la cuenta sobre el sacerdocio (metafórico) del gnóstico; b) en su ascesis misma, que es verdaderamente cristiana por el lugar que en ella ocupa Cristo como revelador y como maestro, descuida quizá un poco el papel del sufrimiento y de la oración (esta última es señalada sobre todo al final, en el gnóstico), mientras exalta en exceso el de la filosofía; c) por último, practica cierto esoterismo, tomando algunas doctrinas de tradiciones secretas, más bien que de los órganos oficiales de la fe [4].

Además, la Iglesia romana ha rehusado inscribirlo (como santo) en su martirologio:

Por consejo de Baronio, Clemente no fue admitido en el martirologio romano revisado por Clemente VIII, y Benedicto XIV mantuvo esta decisión, sin zanjar absolutamente la cuestión de doctrina y de virtud, […] por razones de oportunidad, que son las siguientes: su vida demasiado poco conocida, ninguna huella de culto público rendido en la Iglesia, doctrina por lo menos dudosa y sospechada por diversos historiadores o teólogos [5].

Pero hay algo más grave: cuando se van a verificar los textos de san Justino y de Clemente, se ve que no dicen en absoluto lo mismo que el papa.

San Justino no habla de las “diversas religiones”, sino que habla de los filósofos y de los poetas. Y esa “semilla” que está difundida por todas partes es la de la razón, no la de una revelación sobrenatural.

San Justino distingue incluso muy claramente el “germen” plantado en todo hombre (la razón), de la participación en el Verbo que se da por la gracia. Citemos su segunda Apología, a la que se refiere Juan Pablo II:

13, 2: Cristiano, reconozco que lo soy. […] No que la doctrina de Platón sea ajena a la de Cristo, pero no le es absolutamente idéntica, como tampoco la de los otros, estoicos, o poetas y prosistas. 3. Pues cada uno de ellos ha visto, parcialmente, de lo que ha recibido del Verbo divino difundido [spermatikou, literalmente: difundido como una semilla] en el mundo, aquello que le es afín, y de ello ha hablado bien; pero aquellos que se han contradicho a sí mismos en puntos más importantes muestran con evidencia que no poseen la ciencia infalible y el conocimiento irrefutable. 4. Lo que todos ellos han enseñado de bueno nos pertenece, pues, a nosotros, los cristianos, porque, después de Dios, adoramos y amamos al Verbo nacido del Dios inengendrado e inefable, ya que incluso se hizo hombre por nosotros, a fin de venir a participar en nuestras miserias para curarnos de ellas. 5. De hecho, todos los escritores podían, de manera indistinta, ver la realidad gracias al germen del Verbo que ha sido plantado en ellos. 6. Pero una cosa es un germen (sperma) y una semejanza dados a los hombres en proporción a sus facultades, y otra cosa es el objeto mismo cuya participación e imitación les es concedida en proporción a la gracia de la que es fuente [6].

En cuanto a Clemente de Alejandría, él habla también no de las “diversas religiones”, sino de los filósofos (y aún así, no de cualquier filósofo, sino solamente de Platón y Aristóteles) y de los poetas que han tenido “algunas teorías justas”. Da como ejemplo a Arato, poeta griego citado por san Pablo en su discurso en el Areópago (Hch 17, 22-28). “De donde resulta claramente que, utilizando ejemplos poéticos tomados de los Fenómenos de Arato [7], [san Pablo] aprueba lo que los griegos han dicho de bueno [8].”

Este intento de Juan Pablo II de querer apoyar su “extraña teología” en “los Padres de la Iglesia” es, por tanto, vano. Los Padres de la Iglesia siempre han considerado, junto con el Espíritu Santo, que los dioses de los paganos eran demonios [9]. Nunca han dicho que las religiones paganas eran “reflejos de una única verdad”. Para ellos, esas religiones eran simplemente falsas, y había que apartarse de ellas para hacerse cristiano.

Si en el mundo pagano había algunas “piedras de espera” de la verdadera religión, era debido al “milagro griego”, es decir, al trabajo de esos filósofos que, con la ayuda de la razón natural, habían logrado reencontrar una parte de las verdades que el hombre puede saber sobre Dios sin la revelación [10].

Lo que Dios espera de los cristianos, y en primer lugar de su vicario en la tierra, no es que busquen “semillas del Verbo” en las falsas religiones, sino que propongan a todos los hombres la verdad revelada del Evangelio, para darles una oportunidad de creer y de ser salvados.

Un error semejante, cometido en una encíclica (la primera de Juan Pablo II), ¿es intencional o simplemente fruto de la ignorancia de los neomodernistas que ocupan la Iglesia? El papa san Pío X nos ha hablado de esta ignorancia:

Y si, de las causas morales, pasamos a las intelectuales, la primera que se presenta – y la principal – es la ignorancia. Sí, estos modernistas, que se presentan como doctores de la Iglesia, que ensalzan la filosofía moderna y miran por encima del hombro a la escolástica, no han abrazado aquella, tomados por sus apariencias engañosas, sino porque, ignorantes de esta, les ha faltado el instrumento necesario para penetrar las confusiones y disipar los sofismas [11].

Sea como fuere, tanto si el error es intencional como si no, hay que sacar una lección: deberemos, de ahora en adelante, verificar todas las referencias a los Padres de la Iglesia hechas por el magisterio conciliar y asegurarnos de que no se les haga decir lo contrario de lo que en realidad dicen.

 

 NOTAS:

 [1] — Cf. san Justino, I Apología, 46, 1-4; II Apología, 7 (8), 1-4; 10, 1-3; 13, 3-4: Florilegium Patristicum II, Bonn, 1911 (2), p. 81, 125, 129, 133. – Clemente de Alejandría, Stromata I, 19, 91.94: SC 30, p. 117-118; p. 119-120. – Concilio Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, 11: AAS 58 (1966), 960; Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 17: AAS 57 (1965), 21.

[2] — «Con razón los Padres de la Iglesia veían en las diversas religiones como otras tantas imágenes de una cierta verdad única, como “semillas del Verbo”, que atestiguan el profundísimo deseo de la mente humana, por el cual desea orientarse –aunque por caminos diversos– hacia una sola dirección: lo cual se manifiesta en la búsqueda de Dios mismo y, al mismo tiempo –por esa misma intención hacia Dios–, en la búsqueda del pleno significado del género humano, es decir, del sentido pleno de la vida humana». Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), § 11.

[3] — Ver DTC, art. «Padres de la Iglesia», t. XII A, col. 1196-1198 (E. Amann).

[4] — Cayré F. A.A., Patrologie et histoire de la théologie, t. 1, Desclée, París, 1945, p. 179-180.

[5] — DTC, art. «Clemente de Alejandría», t. III A, col. 141 (A. de la Barre).

[6] — San Justino, Apologías (texto crítico, traducción, comentario por André Wartelle), París, Études augustiniennes, 1987. La nota de André Wartelle (p. 313), sobre el último párrafo de este texto, es interesante:

«13, 6. Este párrafo explica la idea de la visión indistinta expresada en el adverbio ajmudrw`~ [de manera indistinta]. La idea es que existe una diferencia radical entre el germen del Logos y el Logos mismo; entre el germen de una realidad que no es más que una reproducción suya y que se da a cada uno sólo según su capacidad, y esta realidad misma cuya participación e imitación no se deben sino a una gracia que procede de ella. Justino distingue claramente lo que se llama el orden de la naturaleza y el de la gracia».

[7] — Verso 5.

[8] — Ver Clemente de Alejandría, Los Stromata (traducción y notas del padre Claude Mondésert S.J.), París, Cerf, «Sources Chrétiennes» nº 30, 1949, p. 117-119.

[9] — Sal 95, 5 y 1 Co 10, 20.

[10] — Y esta filosofía griega será asumida por los Padres de la Iglesia, y sobre todo por santo Tomás de Aquino y los teólogos escolásticos, para ser la sierva de la teología.

[11] — Pascendi Dominici Gregis, en Documents pontificaux de Sa Sainteté saint Pie X, Versalles, Publications du Courrier de Rome, 1993, t. 1, p. 458.

OTRO GNÓSTICO: FERNANDO PESSOA

 


Por P. Flavio Mateos


Fernando Pessoa, escritor portugués alegremente destacado –cuándo no- por el confuso dúo profesoral que conduce “La última página”[1]- expresa su gnosticismo no explícitamente como tal pero en su obra se destaca: 1.la idea de un mundo ilusorio o defectuoso, 2. el sentimiento de exilio del alma en la materia, 3. la crítica de un Dios creador como imperfecto o ajeno, 4 la búsqueda de una sabiduría secreta o interior.

Pessoa, como dice el mismo Sebastián Porrini, fue un ocultista que conoció al satanista Alesteir Crowley (mantuvo correspondencia con él), nada menos. Eso no parece inquietarlo ni le sugiere la menor crítica o reparo sobre el poeta portugués. Como si fuese un detalle muy accesorio. O el hecho de que mantuviera contacto con muchos masones (hasta donde sabemos no está probado que lo fuera, pero dada la gran difusión que se le da es muy probable).

Veamos algunos fragmentos de su execrable obra:

1. "El Libro del Desasosiego" (heterónimo Bernardo Soares)

«Nadie puede saber si el mundo es una ilusión, si la vida es un sueño, si lo que vemos es o no es real. [...] Lo que llamamos realidad puede ser una ficción, lo que llamamos mentira puede ser verdad. [...] Soy como un iniciado sin rito, un sabio sin ley, que ha penetrado, no sé cómo, en la cámara secreta de la verdad.»

2. "Fragmento gnóstico" (sin título, fechado entre 1917–1930)

«O Demiurgo criou o mundo como um acto de erro. O verdadeiro Deus não intervém. O mundo é uma sombra má da luz que não conhecemos. O nosso dever é despertar, conhecer e regressar.»

«El Demiurgo creó el mundo como un acto de error. El verdadero Dios no interviene. El mundo es una sombra mala de la luz que no conocemos. Nuestro deber es despertar, conocer y regresar.»

3. De los papeles esotéricos (Apuntes inéditos)

«O mundo é um teatro onde as almas estão presas. [...] Libertar-se do corpo é acordar. O Conhecimento é a única salvação.»

«El mundo es un teatro donde las almas están presas. [...] Liberarse del cuerpo es despertar. El Conocimiento es la única salvación.»

4. En su correspondencia con Aleister Crowley (1929–1930)

«No sé si el Bien y el Mal son realidades o máscaras que encubren algo más profundo. Sospecho que el verdadero conocimiento está más allá de ambos.»

5. Barão de Teive – "A Educação do Estóico"

«Sou um derrotado da vida porque sou um vencedor de mim. Recusei tudo porque tudo me recusa. Só me resta o saber — esse saber secreto que é saber que nada vale senão ele mesmo.»

«Soy un derrotado de la vida porque soy un vencedor de mí. Rechacé todo porque todo me rechaza. Sólo me queda el saber — ese saber secreto que es saber que nada vale salvo él mismo.»

 

Nos parece que con lo citado basta y sobra para dejar asentado la clase de escritor que fue Pessoa y qué clase de intelectuales son quienes le dan difusión.

 

[1] La última página 14: https://www.youtube.com/watch?v=Eh9L869FUrE

LA SUBVERSIÓN DE LA HISPANIDAD

 


Por Bruno Acosta

 

Engolfado en los quehaceres diarios de padre de familia, profesional, profesor, escritor, no presto atención a las crónicas policiales (el diario de hoy, mañana ya es viejo; “a través de los fuegos divinos de las vidrieras historiadas, me río del viento que sopla afuera, del mar que pasa”). Pero sí me detengo en lo sustancial. Y sustancial es la idea de Hispanidad rediviva, cuyo eco se hace sentir aquí y acullá, en el Nuevo y en el Viejo continente. En tal sentido, participaré, si Dios lo permite, en las “II Jornadas de la Hispanidad” a celebrarse en octubre en Buenos Aires.

Pero esta idea noble, la Hispanidad, este fuego sagrado que promete grandes cosas para América, por ser eso -por ser noble, por ser promisorio- está siendo adulterado, desde ya, por los agentes del Mal, para mi inocente sorpresa.

Y no hablo, en este caso, de la ponzoña carlista (el panfleto “Españoles que no pudieron serlo”, de Ullate, data de 2009) sino de algo mucho más actual. Por un lado, me entero de la infiltración masónica en eventos hispanistas en la propia Madre Patria. Así, un texto de divulgación denuncia:

¿Cómo es posible que permitamos a los masones participar a cara descubierta en nuestros actos? Lo hicieron en el Campo de Gibraltar, micrófono en mano; lo hicieron en Cartagena concediendo oropeles a algunos destacadísimos miembros del movimiento hispanista, y lo hicieron en Valencia, donde el candidato a Gran Maestre de la Masonería ofreció los medios que fuesen necesarios para el desarrollo del movimiento.

Y lógicamente amonesta: “Parece de Perogrullo que la masonería ha sido el arma con la que Inglaterra ha destruido y dominado la Hispanidad. Y siendo así, resulta demencial que hoy sea entendida como aliada en la reconstrucción de la Hispanidad.”

De otro, la subversión toma un barniz incluso menos perceptible para los neófitos. A caballo de una peligrosa tendencia neopagana, hay quienes pretenden adulterar el concepto de Hispanidad acercándolo a autores heterodoxos. Por ejemplo, un tal Guillermo Mas, diletante español casi caricaturesco, quien con apenas veintitantos años, ha escrito un mamotreto en el que explica el origen y el desarrollo del mundo. Una crítica de un lector de Amazon sobre este libro (“La traición de los europeos”), héla aquí:

“Un centón de citas y recursos a autoridades a millares sin justificar con una nota a pie de página. Un compendio de pedantería afianzada en abrumar a cualquiera con docena y media de nombres propios por página. Un cortaypega de artículos para la ocasión o una reunión de micro ensayos de tardes de melopea. Ni un dato sobre la biografía o currículum académico del autor, quien se permite descalificar a Jung en tres líneas y llega a citar una treintena de nombres en una página. Sin duda ha tenido tiempo y capacidad para leer mil veces más que los dos Menéndez (don Marcelino y don Ramón) juntos elevados a la enésima, con el Aquinate por montera.

Pesado, pedante, abrumador con tufos de ¿proselitismo? Sin afianzar la documentación. Sin bibliografía (habría que poner: ‘véase Biblioteca Nacional, Vaticana, del Congreso y otras’). Sin editorial ¿no suena raro? Solo Amazon, tal vez bajo demanda.

Útil para los días de invierno los que tengan chimenea de leña.”

Pero esto (propio, quizás, de un descarriado espíritu juvenil pedantesco y autodidacta -¡ay de los autodidactas sin método!-) no es lo peor.  Lo peor es que el tal Mas tiene como referentes, verbigracia, a Evola, a Nietzsche y a Alain de Benoist.

Si los enemigos están pretendiendo, con disidencias más o menos controladas, subvertir la idea de Hispanidad, es puesto que está calando; tarea nuestra es separar el trigo de la cizaña y demarcar la derecha vía, que no puede ser sino enteramente católica, sin máculas masónicas ni paganas (ajenas al espíritu español que hizo Historia).

 

https://reverdad.blogspot.com/2025/09/la-subversion-de-la-hispanidad.html


lunes, 23 de junio de 2025

¡NOVEDAD EDITORIAL! AGENDA FÁTIMA II

 


Llega la segunda parte de “AGENDA FÁTIMA” (2022), de candente actualidad. ¿Nos aproximamos al cumplimiento total de los mensajes de Nuestra Señora? El tiempo se aproxima. Entienda por qué los acontecimientos que actualmente sacuden al mundo están encuadrados dentro de las misteriosas apariciones de la Santísima Virgen y sus mensajes de Fátima.

 

CONTENIDO

F Palabras previas del autor. 

F Presentación por Luis Álvarez Primo.     

F Agenda Fátima contra Agenda 2030.     

F Del tercer templo al tercer secreto. Milei en clave esjatológica.

F 13 de junio.

F ¿Consagró el papa Francisco Rusia como lo pidió la Santísima Virgen?  Examen de la cuestión.      

F 13 de mayo de 2023: nuevo fruto de la consagración “de Rusia” por Francisco.     

F Remedio contra los “espíritus de las tinieblas” y las fuerzas del odio y del temor.

F Comentarios sobre la neutralización del tercer secreto de Fátima. 

F Discutiendo sobre Putin.      

F Entrevista sobre “Fátima y Rusia”. 

F ¿Fátima perimida?

F “La carta debería ser abierta en 1960”. Fátima contra la Revolución en la Iglesia y en el mundo.      

F Rusia comunista, Putin y una curiosa serie de fechas. ¿Simples coincidencias o señales del cielo?      

F 22 de agosto, Rusia y la Virgen.    

F 13 de octubre: llega a Rusia la Panagia Portaitissa.   

F De Fátima a Gaia: la gran sustitución.    

F ¿Católico liberal y devoto de la Virgen? 

F La Santísima Virgen, el número 13 y el combate de la Iglesia contra Satanás.  

F Pontificado de Francisco: una afrenta contra Nuestra Señora de Fátima.

220 páginas. Comprar AQUÍ

 

GUILLERMO DE OCKHAM Y LAS CONSECUENCIAS DEL OCKHAMISMO

 


Por THOMAS MOLNAR

 

La filosofía católica se ha granjeado una reputación desfavorable, en particular por haber criticado a numerosos adversarios, ya sea ciertos sistemas especulativos, ya sea, dentro de la misma Iglesia, tendencias consideradas incompatibles con la doctrina enseñada. Parece que en tiempos ecuménicos no conviene insistir demasiado en los conflictos; habría que destacar más bien los puntos de encuentro y las convergencias. Por eso se considera que la Iglesia es “negativa”, debido a que afirma conocer el fin último del hombre, así como los caminos que conducen a él. Mientras que, a lo largo de su larga historia, otros sistemas intentaron sustituir la imagen de la salvación propuesta por la Iglesia por otra propia, y, al no lograrlo, optaron por cargar contra ella un surtido de invectivas: retrógrada, negativa, inmovilista, reaccionaria, aferrada al pasado, no conforme a la modernidad. Estos sistemas —el gnosticismo, el maniqueísmo, la filosofía de las Luces, el liberalismo, el marxismo, etc.— se levantaron contra la Iglesia desde el exterior. El ockhamismo, en cambio —aunque no es el único— tuvo la particularidad de surgir dentro de ella, concretamente dentro de la escolástica, y ello en un tiempo muy próximo a la muerte de santo Tomás. Junto a la ortodoxia, surgió una enseñanza que iba a revolucionar el mundo especulativo y empírico, y cuyos efectos siguen siendo tan activos hoy como en el siglo en que enseñaba Guillermo de Ockham, es decir, en la primera mitad del siglo XIV. (Tomás murió en 1274, Guillermo en 1349; ambos fallecieron antes de haber cumplido los cincuenta años).

¿Cuál es el contenido y cuál es el significado del ockhamismo? Digamos, de manera general, que Ockham pertenece con toda propiedad al espiritualismo «ultrasobrenaturalista» (término del erudito inglés Mons. Ronald Knox) franciscano, heredero del abad calabrés Joaquín de Fiore (fallecido en 1198). Convencidos de que la verdadera Iglesia de Jesucristo había sido falseada por la Iglesia institucional, rica y poderosa, Joaquín y los franciscanos que lo seguían pretendieron restablecer la idea original, o más bien establecer la verdadera Iglesia, fiel a la enseñanza del Señor. Según el sistema joaquinita, los fundadores de la Iglesia auténtica —es decir, la del “tercer estado” del cristianismo— son los monjes, que obrarían ya no bajo el signo del Padre o del Hijo, sino del Espíritu Santo. Ockham se muestra de acuerdo con los Fraticelli, la rama radical de la Orden, en los siguientes puntos esenciales: énfasis en la fe, poca importancia a los sacramentos; primacía de la Verdad sobre la Autoridad; organización espiritual de los fieles más que instituciones visibles; mayor importancia de los doctores (teólogos) que del Papa; prioridad del laicado sobre el clero, el cual no tiene, en realidad, nada que mediar entre los fieles y Dios. De este resumen se desprende que no solo Lutero iba a formular las mismas proposiciones, sino que incluso en nuestros días los radicales retoman esas mismas tesis. ¿Acaso Küng, Curran y otros no sostienen que la reflexión de los teólogos prevalece sobre la de la Iglesia oficial, que los laicos (guiados por esos mismos teólogos) apenas necesitan la dirección espiritual de los sacerdotes, y que las “comunidades de base”, asociaciones informales de creyentes, son las que tienen el porvenir? Sería, pues, erróneo —notémoslo de paso— atribuir a Küng, Curran y otros cualquier tipo de novedad; son simplemente portavoces de viejos errores que suenan “modernos” gracias a la caja de resonancia de los medios, los cuales ignoran la historia y la tradición filosófica.

Frente a la Iglesia, se encontraba para Ockham la Ciudad temporal, concretamente el Imperio romano-germánico, adversario del papado. El pensamiento joaquinita-franciscano sentía el mismo desprecio por uno y por otro, pero con una distinción importante. La Iglesia debía ser puramente espiritual, estando prohibido todo compromiso con la materia, las posesiones y el poder político. En cambio, el Príncipe, no estando vinculado por estas consideraciones, tenía las manos libres incluso para oprimir al pueblo, que lo merecía de todos modos, puesto que Dios ha colocado al Príncipe por encima del pueblo para castigarlo por sus pecados. Así se creó en la mente de Ockham y de sus correligionarios franciscanos una situación cuyas consecuencias seguimos sufriendo hoy: el cristiano debe deshacerse de la institución eclesiástica, pero someterse a las autoridades seculares. La razón es que solo la fe y el espíritu cuentan, y en ese ámbito hay que ser intachable ante Dios; la Ciudad, por definición injusta (aquí una interpretación errónea, aunque extremadamente influyente, de san Agustín), no exige nada: es indiferente para la salvación, se la soporta con resignación. El súbdito del Príncipe, que no participa más allá de lo estrictamente necesario en la estructuración de la Ciudad, hará posible —seis siglos después de Ockham— la instauración de los regímenes más totalitarios en Europa sin que levante un dedo. Y dado que la naturaleza humana es la que es, incluso colaborará, pues ¿en nombre de qué se alzaría contra un Estado tiránico por naturaleza, casi por vocación? (Calvino, otro discípulo lejano de Ockham).

Iglesia débil y cuestionada en nombre de una fe exclusiva y purificada, frente al Poder temporal sin freno alguno hacia el despotismo: tal es la herencia política de Ockham. Debemos preguntarnos: ¿qué teología condujo al pensador anglosajón hacia estas conclusiones, que serán precisamente las de la modernidad en filosofía y filosofía política? Emile Bréhier observa en su Historia de la filosofía (vol. III, p. 729) que el Dios de Ockham no es el de la caridad, sino una especie de Jehová caprichoso. Más exactamente, el teólogo franciscano atribuye a Dios la potestas absoluta, que le permite al Creador cambiar las leyes físicas y morales de su propia creación sin advertir a los hombres, castigándolos, sin embargo, por las consecuencias. ¿No es exactamente ese el poder que Ockham atribuía también al Príncipe, apenas sujeto a las leyes? La enseñanza de la Iglesia en este punto es que Dios posee la potestas ordinata, es decir, que se somete a sus propias leyes y no las invalida por razones que, en todo caso, son inescrutables para los hombres. La potestas ordinata no es señal de debilidad de Dios; al contrario, hace de Él un juez que no modifica la ley durante el proceso sin siquiera advertir al acusado. Para Ockham, lo que hoy es el bien puede convertirse en mal por un decreto oculto de Dios.

La confusión que de ello se sigue tiene, para Ockham, la ventaja de desestabilizar aún más la base religiosa de la conducta humana, y así hacer de los hombres más individuos —hoy diríamos personas maduras, adultas— que no necesitan un “padre” que los dirija (Freud). De este modo son libres de vivir su vida individual, la única que cuenta, y de constituir las relaciones que forman la sociedad civil. Y así, tras el Papa, también el Emperador se ve prácticamente destronado, pues “el rey recibirá su corona según cualquier acuerdo humano”. Más allá del Estado y de la Iglesia, solo la sociedad civil y las transacciones entre ciudadanos egoístas sobreviven: solo ellas tienen peso e importancia. No nos engañemos: Ockham, a pesar de su espiritualidad franciscana, fue fuertemente influido por el auge económico de las ciudades italianas (y flamencas, inglesas, provenzales, etc.), cuyo interés era precisamente debilitar los poderes adversos, o al menos abrirse paso entre ellos. En la estela de Ockham encontramos, por lo tanto, no solo teólogos como Lutero, Calvino y los contestatarios actuales, sino también pensadores políticos como Hobbes y Hume, que apuntan igualmente al establecimiento de la sociedad civil, a la reducción del Estado al papel de guardián del orden (“vigilante nocturno”) y, si no a la eliminación de la Iglesia, al menos a su “privatización”. La eliminación de la Iglesia: ese es hoy el objetivo del marxismo, un Estado que no es tal, sino un Partido que usurpa y distorsiona sus funciones. La privatización de la Iglesia: ese es el programa del liberalismo, que solo reconoce “grupos de interés”, agentes estrictamente iguales en el consumo de alimentos, ocio o religión. Se puede ver hasta dónde ha llegado el ockhamismo en su camino hacia la purificación de la Iglesia y la enseñanza no adulterada de Cristo.

Vayamos más lejos y preguntemos a Ockham (doctor invincibilis) las razones profundas de su pensamiento. No es este el lugar para superponer la filosofía de santo Tomás a la de Guillermo de Ockham, con el fin de observar la desviación ockhamista. Digamos solamente que Tomás mantuvo el equilibrio entre christianitas y humanitas, siendo el hombre miembro de ambas. Lejos de desgarrarlo, esta dualidad refuerza en el hombre la solidez de las instituciones, ya que la justicia humana sólo permanece válida por su conformidad con el derecho natural. Mientras tanto, otro discípulo lejano de Ockham, el jurista moderno Hans Kelsen, elaboraba los principios jurídicos hoy vigentes en nuestras democracias, según los cuales la cuestión del bien y del mal no se plantea: la ley es válida porque es la ley. Es el legislador quien lo decide, como el Dios caprichoso de Ockham que fundamenta sus decisiones en los datos de una situación examinada empíricamente. Si sobreviene un régimen totalitario, o favorable al aborto o a la eutanasia, el legislador justificará sus leyes por referencia a la elección aparente de la mayoría, o de quienes hablan en su nombre.

Volvamos al pensamiento profundo de Ockham, cuyas raíces son nominalistas. Ya Pedro Abelardo combatía la tesis de que las cosas se dividen entre esencias —entidades metafísicas (digamos, para simplificar, ideas de Platón)— e individuos separados pero múltiples. Las esencias no son universales, únicas verdaderas, lo que haría que los individuos fueran ilusorios y la multiplicidad un error de perspectiva. Ockham compartía la opinión de Abelardo: los universales no tienen más que un estatuto lógico; solo el individuo es real. Digamos —piensa Ockham— que la causalidad es un universal, por tanto válida en todo lugar y momento, esencialmente válida. Según esta hipótesis, el fuego y el hecho de quemar son causa y efecto. Sin embargo, argumenta nuestro filósofo, Dios puede ordenar que el fuego no queme, que tenga otro efecto. La causalidad ya no sería válida. Vemos que la epistemología ockhamista está en la raíz de su política y de lo que piensa sobre el papel de la Iglesia. Más importante aún para el pensamiento posterior a Ockham, la causalidad no está en la naturaleza: está en el espíritu y la voluntad de Dios. Cinco siglos más tarde, surgirá Kant, quien localizará la causalidad no en el espíritu de Dios, sino en el del hombre. Será una de las categorías de nuestra razón, pero nadie podría decir si ella, la causalidad, se encuentra también en los hechos. Ockham fue así el padre del agnosticismo moderno. En él hay dos procesos: vuelve a Dios incierto tanto para la naturaleza como para el hombre, y lo convierte finalmente en objeto de la fe —una fe que es gratuita, sin otro apoyo dentro de la economía de las facultades humanas. El otro proceso de Ockham es hacer del hombre-individuo el dueño de los fenómenos —fenómenos, ya que no conocemos la esencia de las cosas (Kant, una vez más). Solo que este dominio, cuya idea será retomada por Bacon y Descartes, se ejerce únicamente sobre los fenómenos, ya sea, como hemos visto, en el ámbito judicial, político, institucional y, en última instancia, religioso. Y ciertamente en el ámbito científico. Como observa Marcel De Corte en La inteligencia en peligro de muerte, si hoy somos esclavos de la tecnología, es porque el saber, la ciencia, han perdido su sustrato y solo se interesan por el momento de las cosas. Ahora bien, lo que ocurre en las ciencias es inmediatamente transferido a los asuntos humanos: nuestras relaciones se mecanizan, burocratizan, tecnifican; la famosa “comunicación” se realiza por medio de eslóganes y nociones prefabricadas. Es el universo de la publicidad y de la propaganda.

En el origen de la modernidad se encuentra, más que ningún otro, Guillermo de Ockham. Hay que reconocerle que su obra contiene también aspectos positivos, aunque el precio pagado fue considerable. ¿En qué consiste esa modernidad?, ¿cuál es su fundamento? En su expresión más simple: Ockham —pero no solo él, sino toda una línea de pensadores desde Abelardo hasta Nicolás de Cusa, de Marsilio de Padua hasta Galileo— realizaron el paso de las esencias a los fenómenos, de las relaciones entre los fenómenos al método que los mide. El método permitió luego llegar al dominio de las cosas, al precio del sacrificio del contacto íntimo con ellas.

Medimos todas las cosas, no las comprendemos. La medición se sustituye por la comprensión, creando su propio mundo en el que hacer preguntas sobre la natura rerum parece obsceno a nuestros contemporáneos.

 

La pensée catholique n° 234 - Mai-juin 1988.