Publicación
de Eduardo B. M. Allegri
No
sólo en nuestras pampas, ya hace tantísimo tiempo que G. K. Chesterton viene
siendo ultrajado por cierta hipocresía conservadora, y no es la primera vez que
un servidor subraya esa hipocresía infame.
Y
esa hipocresía se dice así: Chesterton es útil sólo para cuestiones de moral
sexual y familiar, para el humor y la paradoja, para las historias de
detectives, para asuntos culturales o artísticos, para argumentar desde el
punto de vista de la filosofía realista en términos amplios, y para algunas
cosas religiosas; y cosas así. Y punto. Hasta ahí. No hace falta nada más y en
todo caso hay que dejar de citarlo en otras materias, porque no tiene
relevancia útil su opinión fundada y argumentada sobre cuestiones políticas,
económicas y sociales.
Pero
no por haberlo dicho tantas veces, hay que dejar de acusar de hipócritas a los
conservadores que proceden de ese modo. Porque siguen haciéndolo, y por eso hay
que seguir acusándolos de hipócritas. porque en esos círculos hay un Chesterton
para señoras gordas, descafeinado de lo que huelen como excrecencias
económicas, políticas y sociales, terriblemente corrosivas para esos conservadores,
que se cobijan bajo el ala derecha y conservadora de Gilbert en ciertas
materias y fingen demencia cuando llegan a otras, porque a su sabor suenan
socialistas o de izquierda. con lo que dejan al desnudo en qué sentido pavo, y
muy probablemente artero, son conservadores.
Pero
resulta que esas "otras cosas" que les resultan irrelevantes, o
innombrables, fueron un eje fundamental en la prédica de Chesterton a lo largo
de 40 años, de miles de artículos y ensayos, de novelas, poemas y conferencias
y debates.
Esos
conservadores hacen con esto lo que Borges pretendía hacer con Chesterton en
materia religiosa, cuando lamentaba que metiera en todo sus creencias
cristianas y católicas.
Por eso, dejo una vez más este apunte recordatorio, especialmente para recordar por qué esos hipócritas son hipócritas. y lo cierro con apenas tres citas de Chesterton de unas obras que los hipócritas, si las leyeron, preferirían quemar. pero deberían saber que, si quieren quemar páginas como estas, entonces apenas les quedarían de Chesterton unas cuantas hojas sueltas.
Dos
primeras citas son de 𝗧𝗵𝗲
𝗢𝘂𝘁𝗹𝗶𝗻𝗲
𝗼𝗳
𝗦𝗮𝗻𝗶𝘁𝘆
(1927) (que traducen como 𝗘𝘀𝗯𝗼𝘇𝗼
𝗱𝗲
𝗹𝗮
𝗰𝗼𝗿𝗱𝘂𝗿𝗮
o 𝗱𝗲
𝗹𝗮
𝘀𝗲𝗻𝘀𝗮𝘁𝗲𝘇,
tanto da), obra de madurez que condensa el credo socioeconómico distributista
de Chesterton, ciertamente más acorde con la noción del hombre y el mundo del cristianismo
que la del capitalismo:
1.
"Es evidente que el carterista es un defensor de la empresa privada. Pero
quizá sería exagerado decir que el carterista es un defensor de la propiedad
privada.
Lo
característico del capitalismo y del mercantilismo, según su desarrollo
reciente, es que en realidad predicaron la extensión de los negocios más que la
preservación de las posesiones. En el mejor de los casos han tratado de adornar
al carterista con algunas de las virtudes del pirata.
Lo
característico del comunismo es que reforma al carterista prohibiendo los
bolsillos."
2.
"No pertenezco al tipo de hombre riguroso que prefiere expresar
correctamente lo que no quiere decir antes que expresar incorrectamente lo que
quiere decir.
Me
es del todo indiferente el término comparado con la significación. No me
importa si nombro una cosa u otra con esta simple palabra impresa que empieza
con ‘c’, en tanto que se aplique a una cosa y no a otra. No tengo inconveniente
en usar un término tan arbitrariamente como se usa un signo matemático, con tal
de que sea aceptado como signo matemático. No tengo inconveniente en llamar ‘x’
a la propiedad y al capitalismo ‘y’, con tal de que nadie piense que es
necesario decir x=y. Y no tengo inconveniente en decir gato en vez de
capitalismo y perro en lugar de distributismo, con tal de que la gente
comprenda que ambas cosas son lo bastante diferentes como para reñir como el
perro y el gato.
La
propuesta de una mayor distribución del capital sigue siendo la misma,
llamémosla como la llamemos, o en cualquier forma que llamemos la presente y
notoria oposición a ella. Es lo mismo afirmarla diciendo que hay demasiado
capitalismo en un sentido o demasiado poco capitalismo en otro. Y en realidad
resulta bastante pedante decir que el uso del capital debe ser capitalista.
Con
igual justicia podríamos decir que todo lo social debe ser socialista, que el
socialismo puede identificarse con una reunión social o con un banquete. Lo
cual, siento decirlo, no es verdad."
Pero
en 1910, en un libro de ensayo sobre estos mismos asuntos que tituló 𝗪𝗵𝗮𝘁'𝘀 𝗪𝗿𝗼𝗻𝗴
𝘄𝗶𝘁𝗵
𝘁𝗵𝗲
𝗪𝗼𝗿𝗹𝗱?
(es decir 𝗟𝗼
𝗾𝘂𝗲
𝗮𝗻𝗱𝗮
𝗺𝗮𝗹
𝗲𝗻
𝗲𝗹
𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼),
había dicho cosas por el estilo, lo que muestra su insistencia radical en este
eje de su prédica:
3.
"La propiedad es, escuetamente, el arte de la democracia. Significa que
cada hombre debería poseer algo que él puede modelar a su imagen y semejanza,
como él mismo está modelado a imagen y semejanza de Dios. Y porque él no es
Dios, sino una imagen esculpida de Dios, sus propias expresiones deben operar
dentro de límites, dentro de límites rigurosos y aun estrechos.
Me
doy perfecta cuenta de que la palabra "propiedad" ha sido contaminada
en nuestro tiempo por la corrupción de los grandes capitalistas. Si se
escuchara lo que se dice, resultaría que los Rothschilds y los Rockefeller son
partidarios de la propiedad. Pero es obvio que son sus enemigos, porque son
enemigos de sus limitaciones. No desean su propia tierra, sino la ajena. Cuando
sacan el mojón del vecino, sacan también el propio. El hombre que ama una
pequeña parcela triangular debería amarla porque es triangular; cualquiera que
le altere la forma es un ladrón que le ha robado el triángulo. El hombre que
sienta la verdadera poesía de la posesión desea ver la pared donde su jardín se
encuentra con el de Smith, el cerco donde su granja se encuentra con la de
Brown. No podrá ver la forma de su propia tierra hasta que no vea los linderos
de la de su vecino. Resulta la negación de la propiedad que el duque de
Sutherland tenga todas las granjas de su condado, como sería la negación del
matrimonio que tuviera todas nuestras esposas en un harén..."
