Por
FLAVIO MATEOS
Típica
conducta liberal, la del diario La Prensa,
que el domingo próximo pasado, a la vez que dio a conocer un artículo
laudatorio del Padre Castellani, rememorando su novela parusíaca “Su Majestad
Dulcinea”, publicó un artículo
del
esoterista y masón, Dr. Antonio Las Heras, reivindicatorio de René Guénon.
Debemos,
pues, adscribirlo a nuestra galería de personajes gnósticos que suelen proliferar
e influir en las gentes o muy poco cultivadas o muy desprevenidas del ambiente
cultural, literario y artístico.
Presentado
como “doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis;
parapsicólogo, filósofo, historiador y escritor”, se trata verdaderamente de un chanta y figurón que hace décadas
deambula por radios y canales de televisión con total impunidad, mientras no pierde
oportunidad de fotografiarse con cuanto personaje de la política o la farándula
se le cruce. Ya se trate de Milei o Larreta, ya de Ricardo Iorio o viejos
rockeros decadentes, ya del descarado sodomita Pepe Cibrián, del gurú del
comercio New Age Claudio María Domínguez, del gnóstico García Bazán, del hereje
Ansel Grun o del Gran Maestre de la Gran
Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Jorge Alejandro Vallejos.
Del mismo Las Heras se
dice en una reseña de uno de sus libros que “ha recorrido todos los peldaños de la Masonería
hasta el Grado 33, máximo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado”.
Miente, por supuesto, en su reivindicación “filantrópica”
de la masonería, y miente afirmando que tanto San Martín como Belgrano fueron
masones. Sobre este último, su libro ha sido publicado por “Grupo Argentinidad”,
una editorial que se dedica a editar libros sobre Malvinas (¿en serio éstos son
patriotas?).
Tampoco este personaje farolero se ha privado de
unir firmas en un libro con el “obispo” Manuel Acuña, líder de una secta (que
tampoco se privó de buena relación con Jorge Mario Bergoglio)
Está claro que pululan los masones en los medios de
difusión y hasta en el ambiente rockero. Ahora, que el diario La Prensa,
que tiene tres o cuatro prestigiosas firmas, incluya columnas de este señor tan
poco serio, como, digamos de paso, algunos otros que escriben sobre “espectáculos”,
muestra a las claras que aquellos que se internan en estos medios deben tener
un extremo cuidado y hacer un discernimiento riguroso.
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