APUNTES
DESDE LA TRINCHERA. Crónicas de Fray Llaneza en Syllabus.
Flavio
Mateos, 176 páginas, Ediciones REACCION, 2026.
¿Hay realmente un espíritu de resistencia? ¿Hay el
fuego del combatiente por Cristo Rey? Si tan fácilmente se ha instalado la
tibieza y desinterés sin haber persecución a sangre y fuego, ¿qué pasaría si la
hubiese? La hora es grave. Esto es un gran castigo, en primer lugar, para los
hombres de la Iglesia que no han cumplido su misión, peor aún, han traicionado
su misión. Pero la actual y demoledora crisis que atraviesa la Iglesia no
afecta sólo a los modernistas conciliares romanos, que la han iniciado, sino a
todos, a todos nosotros. Y aunque nadie haga una autocrítica, nosotros debemos
decir aquello de «Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a
remojar». ¿Dónde están los apóstoles que, embriagados del Espíritu Santo, pasen
por borrachos ante el mundo como Cristo pasaba por loco ante sus parientes?
¿Dónde los “verdaderos servidores de la Santísima Virgen que, como otros santos
Domingos, vayan por doquiera, con la antorcha luciente y ardiente del Santo
Evangelio en la boca, y el Santo Rosario en la mano, para ladrar como canes,
quemar como fuegos, e iluminar las tinieblas del mundo como soles; y que, por
medio de una verdadera devoción a María, es decir interior sin hipocresía,
exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, constante sin ligereza, y santa
sin presunción, aplasten por todas partes por donde vayan, la cabeza de la
antigua serpiente”? (S. Luis de Montfort) ¿Dónde están los Curas de Ars y San
Luis de Montfort? ¿Dónde los Padres Edouard Poppe y Mateo Crawley? ¿Dónde los
Castellani y los Meinvielle? ¿Dónde los Sardá y Salvany y los Matovelle?
¿Dónde? ¿No vemos acaso en la Tradición que se cede cada día más y más a los
enemigos de Cristo, a los modernistas? ¿No vemos cada vez más diplomacia y más
temor? ¿No vemos engreimiento y fariseísmo? ¿No vemos soberbia y afeminamiento?
¿O pretenden que creamos que los conservadores neo-tradis de la Iglesia oficial
son “parresíacos”, aunque acepten el Novus Ordo y no osen esbozar la menor
crítica al tirano Bergoglio o quien lo continúe en la sede romana? ¿Esperan que
nos convenzan las publicidades y autoelogios de los sitios de internet? No
sigamos. Ni, mirando demasiado de frente el triste panorama religioso, nos
asustemos ni reculemos. Tenemos lo que merecemos. Amemos de verdad a Cristo,
suframos con Él, salgamos de la ilusión en que vivimos, abracemos la cruz, y
tendremos lo que necesitamos. Saquemos todo el provecho que podamos de cada
misa a la que asistamos. No nos despeguemos de la Cruz ni del Rosario. Y
recordemos que, como enseñaba Dom Columba Marmion, nuestra debilidad es nuestra
fuerza. Aquellos héroes del sacerdocio de los tiempos modernos lo entendieron
muy bien, y repetían con San Pablo: “Con gusto me gloriaré de mis flaquezas,
para que haga morada en mí el poder de Cristo”.
“¡Los santos faltan! Esta llaga es espantosa en la
Iglesia. El Reino de Dios sufre violencia, es contrariado, oprimido por sus
hijos, por sus sacerdotes. Él está en ellos, pero sin difundirse, como sofocado
por el sacerdocio. ¡Que Él se propague! Que Él tome y consuma todo el cuerpo
sacerdotal de Cristo. Jesús no arde en su sacerdocio, es por eso que la llama
del Reino no arde en la Iglesia”
(P. Edouard Poppe)
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