“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).

jueves, 12 de marzo de 2026

SENTIMENTALISMO ESPIRITUAL - LA FALSA “ESPIRITUALIDAD ORIENTALIZANTE”

 


¿Cuál es la diferencia entre la espiritualidad y la meditación católica y los “métodos” extremo-orientales de “concentración”?

La espiritualidad cristiana se fundamenta en la Fe en un Dios personal y trascendente, Creador del hombre, a quien le reza como a Padre divino, lo conoce y lo ama sobrenaturalmente mediante las Virtudes infusas de Fe, Esperanza y Caridad y, finalmente, “dialoga” con Él en la meditación u oración mental.

En efecto, por la Gracia santificante, Dios habita —real y verdaderamente— en el alma del justo. Por ello, la vida espiritual es conocimiento y amor recíproco, altruista y de convivencia entre Dios y el hombre, lo que implica un verdadero diálogo entre ambos (similar al que se da entre el pastor y su rebaño: el pastor conoce y ama a sus ovejas y las llama, una por una, a seguirlo al pasto; ellas reconocen su voz y lo siguen).

Sin embargo, Dios es siempre infinitamente distinto del hombre, quien participa de la vida íntima divina de manera finita y limitada, es decir, como criatura. Hay unión, pero no confusión entre Dios y el hombre, que procurará conformar su pequeña y miserable voluntad a la infinita y omnipotente voluntad divina.

La filosofía extremo-oriental (hindú y budista) es tendencialmente panteísta y esotérica o gnóstica, porque identifica al hombre con la “divinidad”. No concibe a Dios como Persona trascendente al mundo, infinita, inmutable, determinada, Acto puro y Creador, sino como un “Todo inmanente al mundo” (hinduismo) o como un “Silencio o Vacío universal” (budismo), que no trasciende el mundo sino que se identifica con él. Más que de Dios, se trataría de una “vaga divinidad” indeterminada, indiferenciada, anónima e identificada con el mundo, que queda absorbido en ella (inmanentismo).

La “oración” o, más propiamente, la “concentración” oriental hindú o budista (que no sería una religión en sentido estricto —que une al hombre con Dios— sino una filosofía inmanentista, naturalista y panteísta) no es un conocimiento amoroso entre el hombre y Dios que desemboque en un diálogo mutuo “como un amigo habla con otro amigo” (San Ignacio de Loyola), sino más bien un repliegue del hombre sobre sí mismo. Dado que la “concentración” oriental no reconoce un Ser distinto del hombre, el pensamiento humano debe concentrarse en sí mismo, coincidente con la “divinidad”, concebida como un “Gran Yo indiferenciado e impersonal”.

En las filosofías mistéricas y esotéricas del extremo oriente no hay lugar para un conocimiento amoroso de Dios, porque no hay un Dios distinto del hombre; no existe un diálogo entre el hombre y Dios, sino un soliloquio del «Hombre-“Dios”» consigo mismo o una inmersión del hombre en el Todo impersonal e indeterminado.

El fin de la concentración oriental es hacer tomar conciencia al hombre de que no es una criatura de Dios, sino una totalidad idéntica a la “divinidad”. Por ello, al concentrarse, el hombre debería llegar a concebirse como impersonal y como una amalgama entre mundo, “divinidad” y él mismo, personalmente inexistente, es decir, como una partícula del Todo indeterminado. La anulación de la conciencia de la propia personalidad e individualidad (ser indiviso en sí y distinto de todo otro) y la conciencia de la unidad con el Todo o “Yo indeterminado” sería el fin último de la concentración y de la filosofía oriental. El hecho de conocerse como “individuo”, yo, persona, sería una ilusión (“maya”) que el hombre debe perder mediante la concentración, que lo liberaría así del sufrimiento (“nirvana”, estado de indiferencia o liberación), entendido como la conciencia de la realidad objetiva que a menudo obstaculiza los deseos del iniciado.

La oración cristiana, en cambio, nos hace tomar conciencia de esta dificultad y, con la ayuda de Dios, nos obtiene la fuerza para aceptarla y superarla; mientras que la “concentración” o “desdoblamiento” oriental nos hace perder la noción de la realidad objetiva y nos ilusiona haciéndonos creer que no estamos “ilusionados”, es decir, que somos parte del Todo.

 

RESUMIENDO

1°) La verdadera mística habla de pasividad o no-resistencia solo en sentido relativo, respecto a la acción sobreabundante del Espíritu Santo; no en cuanto a la cooperación humana con la Gracia divina en la obra de la propia salvación eterna: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí” (San Pablo).

2°) El falso misticismo, en cambio, propone una pasividad total (es decir, “no hacer nada”), incluso en no vivir las Virtudes ni resistir el mal moral: “Peca fuertemente, pero cree más fuertemente” (Lutero).

3°) La consecuencia del falso misticismo, que es corrupción de la unión transformante con Dios (“la corrupción de lo mejor es la peor”), implica la destrucción de la recta razón, de la Fe sobrenatural, de la Moral objetiva y de la obediencia a la Jerarquía eclesiástica tal como Cristo la quiso. En resumen, comporta el fin de la verdadera Religión (si fuera posible) y del hombre como ser racional y libre, reduciéndolo a una entidad sentimentalista.

4°) La falsa mística ha contaminado todas las épocas de la historia de la Iglesia: la antigüedad con el Montanismo, la Edad Media con los Begardos, la primera parte de la modernidad con Lutero y el Quietismo, la segunda parte con el modernismo americanista y la posmodernidad con el neomodernismo posconciliar de los “movimientos” o “caminos”, hoy aprobados por las autoridades eclesiales; mientras que hasta los años cincuenta del siglo XX toda desviación era condenada y contenida. Este es el problema y el drama del momento presente, que solo la omnipotencia y la justicia de Dios podrán resolver, dado que el hombre moderno y contemporáneo ha resistido hasta ahora su misericordia.

5°) La influencia del judaísmo cabalístico se ha hecho sentir fuertemente durante el Concilio Vaticano II (cf. Nostra aetate, 1965) y en el posconcilio a través de la atracción que sintieron Karol Wojtyła (+2005) y Joseph Ratzinger (+2022) por Martin Buber (+1965) y Emmanuel Lévinas (+1995), quienes han convertido la cábala esotérica elitista en un fenómeno de masas sirviéndose del movimiento jasídico, padre del Camino Neocatecumenal; así como Freud convirtió el talmudismo en fenómeno de masas mediante el psicoanálisis.

6°) La “religiosidad” hindú y budista del extremo oriente, más que una Religión positiva (que une al hombre con Dios), sería una filosofía esotérica y gnóstica, inmanentista y al menos tendencialmente panteísta. Para ella no existe un Dios distinto y trascendente, sino una vaga divinidad impersonal e indeterminada que forma un todo con el mundo y el hombre, constituyendo así un conocimiento mistérico, secreto y elitista.

7°) Los “métodos de concentración” extremo-orientales no tendrían nada que ver con la oración mental cristiana (meditación y contemplación). La oración es un conocimiento amoroso de Dios que conduce a la unión y al diálogo mutuo “como un amigo habla con otro amigo”, permaneciendo siempre distintos (Dios es infinitamente superior a toda criatura).

La “concentración” oriental (yoga o zen) partiría del falso presupuesto de que el hombre no es un individuo distinto, sino que hombre, divinidad y mundo forman un “Todo” o “Vacío indeterminado”. Esta filosofía se serviría del yoga o del zen para convencer al iniciado de que es una parte del “Todo” o “una gota de agua que se pierde en el Océano de la divinidad”.

8°) Las consecuencias morales de la filosofía panteísta extremo-oriental serían desastrosas y conducirían al nihilismo filosófico, que —especialmente desde el paroxismo del 68— estaría destruyendo al hombre contemporáneo en su razón, en su moral y hasta en su propio ser.

9°) Es necesario elegir: o la recta filosofía, la verdadera Religión y la oración dirigida a Dios creador; o el absurdo filosófico del inmanentismo panteísta, la falsa religiosidad panteísta y la concentración ilusoria que convierte al sujeto en objeto. No hay tercera opción.

— Epiphanius —

[1] Cf. M. Aniol, ¿Puede un cristiano rezar utilizando los “métodos orientales” de concentración?, Pessano (MI), Mimep-Docete, 1990.

[2] Cf. J. M. de La Croix, La Religión y las religiones, Pessano (MI), Mimep-Docete, 1990. Para el hinduismo, véase M. Quéguiner, Introducción al hinduismo, Milán, EMI, 1984; M. Eliade (dir.), Enciclopedia de las Religiones, vol. 9, Hinduismo, Milán-Roma, Jaca Book-Città Nuova, 2006; G. Filoramo (dir.), La gran historia de las religiones, vol. 5, Hinduismo. Espiritualidad y tradición a orillas del Ganges, Bari, Laterza, 2005. Para el budismo, véase M. Zago, Budismo y Cristianismo en diálogo, Roma, Città Nuova, 1985; M. Eliade (dir.), Enciclopedia de las religiones, vol. 10, El Budismo, Milán-Roma, Jaca Book-Città Nuova, 2006; H. de Lubac, Budismo y Occidente, Milán, Jaca Book, 1987; G. Filoramo (dir.), La gran historia de las religiones, vol. 4, Budismo. Religiones del Extremo Oriente, Bari, Laterza, 2005.

[3] Atención a no confundir “In-finito” con “in-determinado”. En efecto, “no-finito” significa ausencia de límites o de creaturalidad. El límite o la condición de criatura son una imperfección del hombre, pues, en cuanto criatura, solo el Infinito —que no tiene límites ni es creado— es perfecto y es Dios. En cambio, “determinado” significa realizado en acto. Ahora bien, acto indica perfección respecto de la potencia; indeterminación indica potencialidad e imperfección. Por tanto, Dios es Infinito y Determinadísimo, es decir, Acto puro, sin ninguna potencialidad o indeterminación. En cambio, lo indeterminado es aquello que carece de acto, de perfección. Por ello, indeterminado e Infinito son dos conceptos contrarios, como Dios, Ser Creador, y el ente creado, limitado y finito.

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