“Ante nuestros ojos aparecen en lucha dos tradiciones; lejos de conducir el mismo contenido nocional son antagonistas. La una transmite sin disimulo la religión del verdadero Dios, y es la Tradición apostólica, en la cual la tradición primordial está totalmente incluida. La otra, llamada por los neognósticos Tradición primordial, transmite, bajo un disfraz de luz, la religión tenebrosa que quiere ponerse en el lugar de Dios”. (Jean Vaquié, Ocultismo y fe católica: los principales temas gnósticos).

jueves, 12 de marzo de 2026

¿TIENE ALGO QUE VER EL BARROCO CON LA DEFENSA DE LA MISA CATÓLICA?

 



Por Luigi Casalini

1. El barroco, como estilo arquitectónico, comenzó a manifestarse a finales del siglo XVI. De hecho, la Iglesia del Gesù en Roma (de los jesuitas), terminada en 1575, contiene ya evidentes elementos barrocos. Pero su pleno desarrollo se realizó en el siglo XVII, cuando desde la Roma de los Papas se difundió por el resto de Italia y no solo allí: también en España, en Viena, en Polonia, en Rusia e incluso al otro lado del océano, en las colonias españolas y portuguesas. El barroco encontró escasa difusión —no por casualidad— en los países donde fue fuerte la influencia calvinista, como Francia y Holanda.

2. ¿Por qué nació el Barroco?

¿Cuál fue su motivo o sus motivos inspiradores? La respuesta no es difícil. La esencia de este nuevo estilo es lo maravilloso. Todo en el barroco está llamado a sorprender, a presentar ante los ojos del espectador el sentido de lo extraordinario, de lo humanamente inconcebible: la alternancia de espacios que se abren hacia el infinito y que sitúan la realidad misma en la dimensión de lo que supera todo límite; las formas exacerbadas que parecen hincharse ante los ojos del espectador; el juego de luces y sombras que captura y envuelve la mirada.

3. A este respecto pueden identificarse tres aspectos de esta inmersión en lo maravilloso hacia la cual el barroco quiere conducir al espectador. Son:

·         la majestuosidad

·         la belleza asombrosa

·         el sentido del calor

4. Este arte produce deliberadamente formas majestuosas. Tal majestuosidad exige expresar otra majestuosidad: la de la verdad católica, es decir, su incomparable superioridad frente a quienes (la llamada “reforma” protestante) habían querido disminuirla.

5. Este arte produce deliberadamente belleza, pero no una belleza ordinaria, discreta, capaz de imponerse por su naturaleza intrínseca, por su capacidad de revelarse en lo cotidiano… no, otro tipo de belleza: una belleza que podemos definir como belleza asombrosa. Es decir, una belleza que tenga la fuerza de sorprender, de hacer abrir los ojos al observador. Este puede sentirse incluso inicialmente molesto ante cierta explosión de formas, pero después se percibe transportado a una dimensión superior, a una dimensión de sublimación.

Todo esto está en función de expresar la especificidad de la liturgia católica, especificidad que había sido atacada por el luteranismo con la negación de la transubstanciación y luego por los seguidores de Lutero incluso con la negación de la presencia real de Cristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad en la Eucaristía.

El arte barroco en las iglesias quiere expresar este concepto: el mármol se hincha, las formas alcanzan contorsiones extraordinarias porque es igualmente extraordinario lo que está sucediendo: las leyes del espacio y del tiempo se anulan en el Sacrificio Eucarístico, se actualiza nuevamente el Sacrificio del Viernes Santo, los fieles son verdaderamente transportados al Calvario y el pan y el vino se transforman verdaderamente y únicamente en el Cuerpo y la Sangre del Redentor.

6. Y llegamos al tercer aspecto: el sentido del calor. El arte barroco es un arte “cálido”. “Cálido” porque deliberadamente se contrapone a la “frialdad” del arte renacentista, pero también a aquella “frialdad” que caracterizará los edificios de oración del mundo protestante: excesivamente cuadrados, desornamentados, desnudos como oficinas de la pura cotidianidad. El arte barroco quiere situarse en otro nivel. Quien entra en la iglesia entra en el lugar no de lo ordinario sino de lo extraordinario, en el lugar del misterio.

7. Ciertamente, también el arte medieval (pensemos en las grandes e inalcanzables catedrales góticas) expresaba plenamente esta concepción; pero aquel arte nació para poner de relieve una verdad, no para responder a un error. El arte barroco exagera porque quiere responder; se intensifica porque quiere compensar la difusión de una herejía.

https://blog.messainlatino.it/2026/02/centra-qualcosa-il-barocco-con-la-difesa-della-messa-cattolica.html